Devocional. Tu tiempo con el Número Uno. Gentiles….8 Enero

Los Gentiles, en la época de Pedro, eran en un sentido muy Religioso, señalados como paganos. La ley prohibía que un judío se juntara con un extranjero o lo visitara…. 

Hoy en día, es muy común que señalemos a las personas y las etiquetemos como buenas o malas, dignas o indignas, adineradas o pobres, merecedoras de atenciones o simplemente ignorados. Incluso dentro de la iglesia, del cuerpo de Cristo, se advierten comportamientos de exclusión en los que, quiénes, por alguna razón se encuentran en dificultades se ven señalados y segregados.

Si bien Dios advierte a Pedro, de no llamar impuro a lo que Él ha purificado, la constante en nuestro diario vivir es la de mirar con reparo y recelo a quienes no comportan un estilo especial de ser, de decir o de pensar como el nuestro.

Pedro dice entonces delante de Cornelio: “Dios me ha hecho ver que a nadie debo llamar impuro o inmundo” (Hechos 10: 1b) y esa es nuestra instrucción de parte de Dios, considerar a los demás como superiores a nosotros mismos, indistintamente de su manera de ser, de pensar y de actuar.

Cornelio por su parte señala : “ ahora estamos todos aquí, en la presencia de Dios, para escuchar todo lo que el Señor  te ha encomendado que nos digas” (Hechos 10: 33b). Habrían tantas cosas que decirnos entre los hermanos, que nos edifiquen y que nos ayuden a crecer en el amor de Dios,  que lo único que puedo contemplar es que entre nosotros mismos, solo abunde la misma actitud de Dios, con todo lo que significa su obra redentora en la cruz.

En ese instante Pedro tomó la palabra y dijo: – Ahora comprendo que en realidad para Dios no hay favoritismos, sino que en toda nación, él ve con agrado a los que le temen y actúan con justicia. Hechos 10: 34 NVI….Dios te ve con agrado, con mucho agrado y espera que así como él te mira a ti, tu puedas mirar a los demás; Perdonar, acompañar, servir, disfrutar, compartir y brillar la luz que Jesús ha brillado en ti, de manera resplandeciente en quienes te rodean.

Dios espera que no levantes la mirada para señalar, ni levantes tus manos para juzgar, sino que levantes tu corazón, tu pensamiento y tu voluntad para amar, para servir y para darlo todo por los otros, sin religiosidades impostadas, sin falsos modos de ser, siendo transparente contigo mismo y mirando a los demás como Dios te mira a ti.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *