Isaías 49:15 RV60 ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti.
Cuántos traumas podemos tener en la vida, que son producto de un solo instante, de un solo momento. Sí, el parto. Ese que tantas mamás en ocasiones dicen que fue traumático y duro. Y si para ellas lo fue, lo que podemos intuir es que en ese momento eran dos y por lo tanto el sufrimiento no fue solo de la mamá, sino también de ese pequeño ser que apenas trataba de llegar a una nueva vida.
Seguramente conocemos personas que hablan de las complicaciones de ese momento, que en algunos casos lo que provoca es un lazo de amor que nada ni nadie lo puede destruir de ninguna manera, pero también por otro lado, puede provocar una distancia que no debió existir nunca.
Muchas madres, como lo dice el verso de hoy, se olvidan de quien dieron a luz y otras por su parte dejan de compadecerse del hijo de su vientre, otras optan por dejarlos abandonados en adopción, ya sea por pensar que no van a tener cómo darles un sustento, o simplemente por no complicarse la vida.
Finalmente, todas estas cosas que suceden indudablemente van a traer traumas y conflicto a ambas partes, para lo cual no podemos negar lo que podemos sentir y experimentar a lo largo de la vida, por un solo instante y una sola experiencia traumática.
Aunado a esto, podemos darnos cuenta que en la ecuación hay una tercera persona y es el papá que rogó e insistió por la vida de su hijo hasta el final o del papá que no quiso saber nada del asunto y simplemente se desentendió.
Pero aun así, con todo esto, sin que nos hayan amamantado o querido, como lo dice el verso de hoy, Dios no nos olvida, no nos deja abandonados, nos adopta, nos hace sus hijos, estuvo ahí en ese parto traumático, en el abandono y la desolación, para decirnos, (Isaías 43:1-3 NTV) ««No tengas miedo, porque he pagado tu rescate; te he llamado por tu nombre; eres mío. Cuando pases por aguas profundas, yo estaré contigo. Cuando pases por ríos de dificultad, no te ahogarás. Cuando pases por el fuego de la opresión, no te quemarás; las llamas no te consumirán. Pues yo soy el SEÑOR, tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador.»[2][3]
Vamos a orar.
Amado Dios, cuánto me amas. Nunca me has dejado, pagaste mi rescate, me diste un nombre, me hiciste tu hijo y me has dado el amor que un padre solamente me puede dar y la protección que una madre nunca deja de dar a sus hijos. Te amo, Señor, y soy tuyo completamente, hasta el tuétano de mis huesos. Hoy decido perdonar toda herida y trauma que haya podido traer a mi vida el momento del parto y decido creer la verdad que estabas ahí en ese momento y me adoptaste y te hiciste cargo de mí. Tuyo soy, Señor, y recibo la alegría de vivir, me levanto y decido vivir mi vida conforme tu bendita voluntad, obedeciéndote y amándote todos los días de mi vida, con toda mi alma, mi mente y mi corazón. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗Romanos 3-4
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Eclesiastés 6:4 NTV Entonces su nacimiento habría sido insignificante, y él habría terminado en la oscuridad. Ni siquiera habría tenido un nombre.
Cuando ubicamos momentos traumáticos en la vida, posiblemente el embarazo sea uno de ellos para muchas personas, ya sea por el rechazo del papá o de la misma mamá, o porque era una época difícil.
De pronto es posible que tu mamá haya tenido alguno de estos sentimientos durante el embarazo: rechazo, tristeza, soledad, vergüenza, enojo, frustración, temor, o cualquier otra emoción o sentimiento.
De pronto sabes si hubo una mala relación entre tu papá y tu mamá en esta etapa y descubres maltrato físico o verbal, escasez de dinero, hambre, infidelidad por parte de alguno de los dos o en casos extremos enfermedad de tu madre durante el embarazo.
De pronto te das cuenta que fue abandonada tu mamá por tu papá y como resultado del embarazo la pudo acusar diciendo que ese niño no era de él.
Son tantos de pronto que pueden aparecer en la escena que podemos pensar en casos donde la mamá durante el embarazo fumó, o consumió alcohol, drogas o intentó abortar por temor a decir que estaba embarazada o por temor a perder su figura, o a sentir dolor en el parto; o de pronto recurrió a la brujería para mantener a esa persona a su lado o porque en últimas no querían que fuera niño sino niña.
Como lo dice el verso de hoy (Eclesiastés 6:4 NTV) Entonces su nacimiento habría sido insignificante, y él habría terminado en la oscuridad. Ni siquiera habría tenido un nombre.
Vamos a orar.
Amado Señor, hoy yo decido perdonar cualquier dolor o rechazo que haya sufrido durante mi gestación, perdono a mi mamá y a mi papá y me perdono a mí mismo si es que en algún momento me he recriminado con dureza y crueldad. Te doy gracias por la vida que me has dado y por el propósito que hay en toda esta oportunidad de sanar mi alma, mi mente, mi cuerpo y mi corazón de todo dolor que pueda haber llegado a mi vida desde mi gestación. Tuyo soy y recibo sanidad y perdón completamente, en el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Romanos 1-2
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Jueces 11:2 NTV. La esposa de Galaad tuvo varios hijos, y cuando esos medios hermanos de Jefté crecieron, lo echaron del territorio. «Tú no recibirás ninguna parte de la herencia de nuestro padre -le dijeron-, porque eres hijo de una prostituta».
Como lo dice el verso, en el caso de Jefté, él recibió rechazo por parte de sus medio hermanos, lo cual produjo en él sentimientos de rebeldía que lo llevaron a cometer fechorías en su adultez.
De la misma manera, nos podemos ver impactados por lo que han hecho de nosotros al rechazarnos y al entender que desde la concepción, las cosas no estaban bien. Es posible que hayas sido un embarazo no deseado por tus padres, o que hayas sido concebido fuera del matrimonio o como resultado de una relación de adulterio.
Posiblemente fuiste concebido como resultado de una borrachera, o eres el resultado de un abuso sexual o de una relación sexual violenta, y de pronto en medio de todas esas cavilaciones has pensado o sentido que quizá tu mamá haya usado el embarazo como una manera de retener a tu padre a su lado.
Finalmente, el temor en el momento de la concepción como resultado de no querer tener más hijos, puede afectar de manera directa lo que somos y pensamos como adultos, de pronto por la situación económica y de salud de tus padres en el momento de la concepción y durante el embarazo.
Existen muchas razones que nos motivan a buscar la sanidad de esas heridas de la mano de Dios, pues solo de esta manera pueden ser sanadas y traer la libertad que necesitamos a nuestras vidas; de pronto embarazos fallidos, o abortos o la incertidumbre de la identidad de nuestros padres, por cosas que hemos escuchado o percibido en nuestra propia familia, nos pueden causar heridas que necesitan sanarse.
Vamos a orar.
Amado Dios, hoy decido perdonar el maltrato, la dureza y las maneras como tuve que experimentar el milagro de la vida. Te pido perdón por mi rabia y mi amargura y me entrego a ti como tu hijo amado, pues sé que me amas y que no me rechazas y que para ti soy tu hijo amado y me has hecho nacer con un propósito, así sea el de limpiar la historia de mi familia a través del perdón y de tu presencia en nuestras vidas, decido perdonar y con ello, traer bendición total y abundante sobre mi vida y la de mi familia y las personas que amo. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Deuteronomio 32-34
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Lucas 1:41 NTV. Al escuchar el saludo de María, el bebé de Elisabet saltó en su vientre y Elisabet se llenó del Espíritu Santo.
Es impresionante en el relato bíblico, ver como lo dice el verso que (Lucas 1:41 NTV) Al escuchar el saludo de María, el bebé de Elisabet saltó en su vientre y Elisabet se llenó del Espíritu Santo, lo cual demuestra que un bebé en el vientre recibe todo de su mamá y del exterior como estímulos, que se traducen en seguridad, presencia, conciencia, sentimientos de temor, alegría o tristeza.
Aun antes de nacer somos sensibles a nuestro entorno y todo ello marca de por vida nuestros temores, seguridades y maneras de ser y de estar.
En este caso, como lo muestra el relato bíblico, José tomó la decisión de abandonar a María, lo cual produjo seguramente en ella una emoción especial que sin duda podría transmitirse como lo veníamos diciendo a su bebé.
No sé cuántas mujeres han pasado por la situación de rechazo de sus hijos por parte de su padre, lo cual ha afectado considerablemente a sus hijos.
En este caso, cuando el ángel le habla a José, él decide aceptarla, sin embargo, ese sentimiento de rechazo y abandono, ya había afectado a Jesús.
Aun así, aunque su papá finalmente creyó que Jesús había sido concebido por el Espíritu Santo, el pueblo no, como lo podemos ver en el diario de Dios, cuando los maestros de la ley le dijeron a Jesús, (Juan 8:41 NVI) —Nosotros no somos hijos ilegítimos —le reclamaron—. Un solo Padre tenemos y es Dios mismo, insinuando así, que era hijo de una prostituta.
Por esa razón la Biblia dice acerca de Jesús: “No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15)
No importa lo que haya vivido o qué tan difíciles hayan sido las circunstancias que rodearon esta etapa de nuestra vida, Dios desea restaurar ese momento y ser nuestro Padre perfecto. Él santificó nuestro linaje y desde el vientre, tiene un propósito para nosotros: (1 Pedro 2:9) (Salmos 139:15-16).
Por eso es importante sanar todo lo que vivimos en el vientre de nuestra madre, tanto en la concepción, como en el embarazo, el nacimiento y la dedicación o consagración que tuvimos después de nacer.
Vamos a orar.
Amado Dios, solo tú sabes lo que sucedió conmigo al momento de conocerse mi existencia y solo tú sabes las reacciones de mi mamá y mi papá. Hoy te pido que me reveles los detalles de ese momento, de tal manera que pueda hacer conciencia de ello y sanar, perdonar y limpiar mi vida de todo resentimiento o daño que me haya podido causar este momento de mi vida. Descanso en ti y en tu perfecta voluntad. Sáname, Señor, y límpiame de todas mis heridas. Decido perdonar para ser perdonado y libre. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Deuteronomio 29-31
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Juan 10:10 NTV. El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante.
Si nos detenemos entre líneas en este verso, podemos darnos cuenta que Jesús dice claramente que su propósito es darnos vida plena y abundante, y con ello trascender un poco más allá la idea primaria de salvación que podemos tener y asimilar que además de entregarnos salvación, quiere darnos vida plena y abundante.
Yo creo que muchas personas reconocen a Jesús como Señor y salvador, pero aún no tienen vida plena y abundante, y eso incluye la sanidad de nuestras emociones.
Y sin temor a equivocarme, puedo pensar que existen muchas personas lisiadas emocionalmente por causa de sus emociones encontradas que cada día se debaten entre la vida y la muerte, pues si no las sanamos esa enfermedad conducirá en declive espiritual total.
Indudablemente, Jesús quiere que tengamos vida plena y abundante, traducida en sanidad de nuestras heridas más íntimas y en la capacidad para afrontar los riesgos de la cotidianidad llenos de provocación, pues todo lo que pasa en nuestro interior afecta considerablemente todas las áreas de nuestra vida.
Por eso debemos reaccionar y evaluar si en realidad tenemos la vida plena y abundante que Jesús quiere para nosotros, traducido en un manejo correcto de nuestras emociones, las cuales se afectan directamente por el pecado, y por las heridas que él causa en nuestro corazón.
Podemos pensar equivocadamente que nuestras emociones están bajo control, pero de repente una situación, un recuerdo, un dolor hace que esa emoción se dispare y perdamos el control.
La buena noticia es que Jesús murió para darnos sanidad y libertad emocional y cambiar así, la manera en la cual reaccionamos y nos relacionamos con nuestro entorno, con Dios y con nosotros mismos, como lo dice (Proverbios 15:13 NVI) El corazón alegre se refleja en el rostro, el corazón dolido deprime el espíritu.
Por eso Dios desea continuar con el proceso de sanidad del dolor, la angustia, la inseguridad, el rechazo, el enojo, y así cambiar en ti y en mí, aun la expresión de ¡nuestra carita! Isaías 61:3 dice “Dios ha ordenado que se dé en nuestra vida esplendor en lugar de aceite de luto y manto de alegría en lugar de angustia” y en este sentido te puedes preguntar por los sentimientos que te han traído ceniza y luto, para que Dios mismo te pueda traer alegría y paz en lugar de esos sentimientos de desolación.
Vamos a orar.
“Señor, te presento mi corazón. Tú sabes más que nadie lo que he vivido, conoces cada situación de mi pasado, aun las que no recuerdo. Tú sabes que hay sentimientos en mi vida que me producen dolor y me impiden vivir la vida abundante y plena que me has prometido. Por eso, te pido que me reveles toda raíz de mi pasado que pueda estar afectándome. Te ruego que cambies los tiempos y me muestres todo lo que necesita ser sanado. Espíritu Santo, desata, en el nombre de Jesús, mi mente, mis emociones y mi voluntad para que pueda ser libre y pueda reconocer los faltantes que deben ser llenados por tu incomparable y perfecto amor. En el nombre de Jesús, amén”.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Deuteronomio 25-28
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Filipenses 2:8 NVI Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!
Así como lo hizo Jesús, al entregar su vida por el perdón de nuestros pecados, y al rendirse a la voluntad del Padre, nosotros mismos necesitamos de alguna manera, rendirnos a Dios y entregar todas aquellas cosas que vivimos reclamando a los demás, como si fuéramos el centro del mundo.
Una de esas cosas que podemos hacer para renunciar a nuestros derechos es acercarnos a Dios confiadamente y en oración rendir nuestra terquedad, orgullo, impaciencia, debilidad y caos, al que solamente los puede recibir y cambiar.
Cuando nos disponemos a esta tarea, de entregar a Dios el derecho sobre todas nuestras cosas, lo reconocemos como el dueño de todo lo que somos, hacemos y tenemos, pues solo de esta manera podemos estar seguros de que Dios nos cuida y guarda todas nuestras cosas.
La entrega de nuestros derechos a Dios implica total confianza en que Él hará lo que sea mejor, y por esa razón debemos estar dispuestos a darle gracias aun cuando las cosas no parecen estar saliendo bien, pues en ocasiones Dios nos prueba para ver si hemos sido sinceros en nuestra entrega, y si realmente es así lo vamos a demostrar por medio de nuestra alabanza y adoración, pues si nos enojamos es porque aún no hemos entregado nuestros derechos y reclamos a Dios.
Finalmente, cuando decidimos morir a nuestros derechos podemos estar seguros que Dios, con el tiempo, siempre nos puede devolver aquello que hemos perdido o aquellas cosas que hemos pedido y que aún no era tiempo de administrar.
Y por eso vemos en el diario de Dios que Jesús mismo estuvo dispuesto a despojarse y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de Cruz! (Filipenses 2:8)
Vamos a orar.
Amado Señor, yo reconozco que he sentido necesidad de reclamar mis derechos egoístas y que con ello he pecado de orgulloso, altivo, inconsciente e insatisfecho. Hoy decido poner mi confianza en ti y descansar en ti completamente y sin exigencias, pues deseo que tú ocupes el primer lugar en mi vida.
Padre santo, decido una vez más perdonar a quienes me rodean y amo, pues quiero buscar solo tu amor que lo envuelve todo por completo y reconozco que solo tú puedes llenar mis faltantes, mis demandas y mis necesidades. Hoy decido volver a ti, Señor, y te entrego todo lo que soy. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Deuteronomio 21-24
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Filipenses 2:5-6 NVI. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, [6] quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.
A diferencia de Jesús, creo que nosotros todo el tiempo estamos aferrados a un montón de cosas que en vez de hacernos libres nos hacen esclavos de nuestro propio egoísmo y de nuestros múltiples reclamos. Nos sentimos heridos cuando sentimos que nuestros derechos son transgredidos y creo yo que en la mayoría de los casos exigimos cosas que no necesitamos exigir ni pedir, lo cual demuestra que no estamos dispuestos a morir como lo hizo Jesús, pues nos dejamos ganar del orgullo y más bien nos sentimos enojados, amargados, rechazados, resentidos o deprimidos con alguien.
Por eso, para evitar esos sentimientos es necesario que diariamente hagamos un proceso de perdón y despojo, para que así, nuestro corazón sea protegido de cualquier herida y podamos vivir de acuerdo a lo que Dios desea para nosotros.
Necesitamos hacer conciencia de cuánto reclamamos a los demás algo que en realidad no deberíamos pedir, más atención, más favoritismos, que nos miren, que nos reconozcan, que nos feliciten, que nos recuerden, que nos atiendan, que nos llamen, que nos correspondan, que nos dejen ver que somos importantes, que nos amen, que nos agradezcan, que nos hagan sentir especiales, o que nos vean, y en este listado todos los que se te vengan a la memoria que te recuerden situaciones en las que has pedido atención y un trato especial, cuando en realidad, como lo dice Jesús, no nos debemos aferrar a nada de esas cosas, pues nuestro valor está en lo que el Señor ya nos ha dado por el mero hecho de existir y de ser sus hijos.
Yo creo que cuando nos dejamos de mirar a nosotros mismos y dejamos de reclamar tanto, en ese momento verdaderamente comenzamos a dar, sin importar lo que los demás nos puedan dar o el provecho que podamos sacar.
Vamos a orar.
Perdóname, Señor, pues no había dimensionado lo que hay detrás de tanto reclamo: inseguridad, falsas motivaciones, vacío, falta de ti, de saciarme con lo que me das y con lo que me permites ser y hacer. Finalmente, todo lo bueno que tengo proviene de ti y todo lo que puedo dar eres tú quien me lo provee para darlo, pues solito y sin tu favor nada tengo y nada puedo compartir con los demás.
Hoy decido dejar de pedir y de reclamar algo, pues la verdad no tengo nada a que aferrarme más que a tu bendita presencia. Tuyo soy, Señor, enséñame a vivir más libre sin aferrarme a nada de lo que tengo ni mucho menos a nada de lo que soy. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Deuteronomio 17-20
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Juan 17:1 NVI. Después de que Jesús dijo esto, dirigió la mirada al cielo y oró así: «Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti».
Como nos podemos dar cuenta, en este verso, Jesús ora por sí mismo y en medio de su oración no hace más que dar gracias al Padre, aun en medio de su agudo dolor por los pecados de la humanidad.
Por esto mismo, podemos entender que el mundo es un gran campo de batalla en el que las fuerzas bajo el poder de Satanás, motivadas por un amargo odio contra Cristo y sus seguidores, se enfrentan contra los que están bajo la autoridad de Dios, y por eso mismo Jesús oró por todos sus discípulos, incluyendo a quienes lo seguimos hoy en día.
Jesús sabía que en el mundo íbamos a pasar por dificultades y situaciones difíciles y por eso mismo le pidió al Padre que nos protegiera del poder de Satanás, y que nos apartara y nos hiciera puros y santos, y que nos uniera en su verdad, ya que somos sus hijos escogidos.
Es por esto que nosotros mismos debemos seguir el modelo de Jesús y buscar a Dios en oración para darle gracias y exponerle nuestro dolor y nuestra situación, de tal manera que nos pueda dar su dirección y con ella, la paz y el reposo que tanto necesitamos.
Vamos a orar.
Amado Dios, en el nombre de Jesús, me despojo de toda depresión que me quiera llevar a la derrota, al desaliento, al desánimo y a la conmiseración. Creo que solo en tu presencia puedo encontrar la alegría y el descanso que necesito, pues tu Espíritu Santo mora en mí y su paz llena mi vida.
Hoy decido dejar en la cruz estos sentimientos y situaciones de dolor y dificultad y creo que Tú moriste por mí y que por eso mismo ya tengo la victoria. Tú eres el gozo de mi salvación y te doy gracias. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Deuteronomio. 13-16
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Juan 16:32 NVI. Miren que viene la hora, y ya es la hora, en que ustedes serán dispersados; cada uno se irá a su propia casa y a mí me dejarán solo. Sin embargo, solo no estoy, porque el Padre está conmigo.
Como nos podemos dar cuenta en el verso, en medio de la dificultad y de la tristeza, Jesús no dejó que la desolación por causa de la dispersión de sus discípulos, ni mucho menos el abandono explícito de todos ellos, acabaran con su fe, pues precisamente para ese momento se había preparado desde el principio, en su tarea de salvar a la humanidad del pecado.
Una de esas maneras como podemos alentarnos al igual que Jesús, consiste en reconocer que no estamos solos y que el Padre está con nosotros.
Como lo dice el verso, en las palabras de Jesús: «Sin embargo, solo no estoy, porque el Padre está conmigo».
Y a Él, le puedes hacer todas las preguntas y le puedes presentar todos tus descargos, pues solo Él tiene todas las respuestas y todas las salidas.
Vamos a orar.
Amado Dios, cuánto te amo y te necesito en medio de mi dificultad y mi prueba. Hoy presento delante de ti todas mis quejas y mis situaciones sin respuesta, pues todas ellas juntas no las puedo comprender.
Enséñame, Señor, respóndeme, déjame ver lo que mis ojos no pueden ver y entender el propósito que tienes para mí, pues sé que me amas y quieres que viva mi vida conforme a tu voluntad y no a la mía.
Quita de mí todo capricho y toda terquedad de querer hacer mi voluntad y llévame más bien a obedecerte y a ser radical con lo que tu palabra dice que debo ser y hacer. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Deuteronomio 9-12
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Mateo 26:36-39 NVI. Luego fue Jesús con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní y dijo: «Siéntense aquí mientras voy más allá a orar». [37] Se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentirse triste y angustiado. [38] «Es tal la angustia que me invade que me siento morir —dijo—. Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo». [39] Yendo un poco más allá, se postró rostro en tierra y oró: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú».
Como lo dice el verso, Jesús, en medio de su tristeza, le dijo a sus amigos que lo acompañaban que iba a orar, pues comenzaba a sentirse triste y angustiado.
De la misma manera, nosotros podemos llegar a experimentar situaciones de dolor y tristeza que no podemos entender y, como lo dice el verso, puede ser tal la angustia que nos sentimos morir. Y es justo en esos momentos en los que no sabemos qué hacer ni para dónde ir.
Dice el verso que yendo un poco más allá, Jesús se postró rostro en tierra y oró. Y yo creo que si nos hace falta de vez en cuando, por no decirlo que casi a diario, postrarnos delante del Señor y hablar con Él, para exponerle nuestro caso y recibir en su presencia la bendita dirección que tanto necesitamos y que posiblemente no habíamos querido entender ni escuchar.
Finalmente, Jesús mismo se despojó de su querer y le dijo al Padre, Señor, que no se haga mi voluntad sino la tuya. Y yo creo que de la misma manera necesitamos rendirnos ante el Creador y decirle, Señor, haz tu voluntad en mi vida y líbrame de todo capricho, altivez y orgullo que me quiera llevar a hacer mi vida a mi manera y no a la tuya. Que se haga en mí tu voluntad, Señor.
Vamos a orar.
Amado Dios, yo te necesito y decido buscar tu dirección ahora mismo en tu palabra. Solo tú me puedes entender y guiar de la manera como necesito. Tuyo soy y quiero que se haga en mí tu voluntad y no la mía. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Deuteronomio 5-8
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Isaías 49:15 RV60 ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti.
Cuántos traumas podemos tener en la vida, que son producto de un solo instante, de un solo momento. Sí, el parto. Ese que tantas mamás en ocasiones dicen que fue traumático y duro. Y si para ellas lo fue, lo que podemos intuir es que en ese momento eran dos y por lo tanto el sufrimiento no fue solo de la mamá, sino también de ese pequeño ser que apenas trataba de llegar a una nueva vida.
Seguramente conocemos personas que hablan de las complicaciones de ese momento, que en algunos casos lo que provoca es un lazo de amor que nada ni nadie lo puede destruir de ninguna manera, pero también por otro lado, puede provocar una distancia que no debió existir nunca.
Muchas madres, como lo dice el verso de hoy, se olvidan de quien dieron a luz y otras por su parte dejan de compadecerse del hijo de su vientre, otras optan por dejarlos abandonados en adopción, ya sea por pensar que no van a tener cómo darles un sustento, o simplemente por no complicarse la vida.
Finalmente, todas estas cosas que suceden indudablemente van a traer traumas y conflicto a ambas partes, para lo cual no podemos negar lo que podemos sentir y experimentar a lo largo de la vida, por un solo instante y una sola experiencia traumática.
Aunado a esto, podemos darnos cuenta que en la ecuación hay una tercera persona y es el papá que rogó e insistió por la vida de su hijo hasta el final o del papá que no quiso saber nada del asunto y simplemente se desentendió.
Pero aun así, con todo esto, sin que nos hayan amamantado o querido, como lo dice el verso de hoy, Dios no nos olvida, no nos deja abandonados, nos adopta, nos hace sus hijos, estuvo ahí en ese parto traumático, en el abandono y la desolación, para decirnos, (Isaías 43:1-3 NTV) ««No tengas miedo, porque he pagado tu rescate; te he llamado por tu nombre; eres mío. Cuando pases por aguas profundas, yo estaré contigo. Cuando pases por ríos de dificultad, no te ahogarás. Cuando pases por el fuego de la opresión, no te quemarás; las llamas no te consumirán. Pues yo soy el SEÑOR, tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador.»[2][3]
Vamos a orar.
Amado Dios, cuánto me amas. Nunca me has dejado, pagaste mi rescate, me diste un nombre, me hiciste tu hijo y me has dado el amor que un padre solamente me puede dar y la protección que una madre nunca deja de dar a sus hijos. Te amo, Señor, y soy tuyo completamente, hasta el tuétano de mis huesos. Hoy decido perdonar toda herida y trauma que haya podido traer a mi vida el momento del parto y decido creer la verdad que estabas ahí en ese momento y me adoptaste y te hiciste cargo de mí. Tuyo soy, Señor, y recibo la alegría de vivir, me levanto y decido vivir mi vida conforme tu bendita voluntad, obedeciéndote y amándote todos los días de mi vida, con toda mi alma, mi mente y mi corazón. En el nombre de Jesús, amén.
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Eclesiastés 6:4 NTV Entonces su nacimiento habría sido insignificante, y él habría terminado en la oscuridad. Ni siquiera habría tenido un nombre.
Cuando ubicamos momentos traumáticos en la vida, posiblemente el embarazo sea uno de ellos para muchas personas, ya sea por el rechazo del papá o de la misma mamá, o porque era una época difícil.
De pronto es posible que tu mamá haya tenido alguno de estos sentimientos durante el embarazo: rechazo, tristeza, soledad, vergüenza, enojo, frustración, temor, o cualquier otra emoción o sentimiento.
De pronto sabes si hubo una mala relación entre tu papá y tu mamá en esta etapa y descubres maltrato físico o verbal, escasez de dinero, hambre, infidelidad por parte de alguno de los dos o en casos extremos enfermedad de tu madre durante el embarazo.
De pronto te das cuenta que fue abandonada tu mamá por tu papá y como resultado del embarazo la pudo acusar diciendo que ese niño no era de él.
Son tantos de pronto que pueden aparecer en la escena que podemos pensar en casos donde la mamá durante el embarazo fumó, o consumió alcohol, drogas o intentó abortar por temor a decir que estaba embarazada o por temor a perder su figura, o a sentir dolor en el parto; o de pronto recurrió a la brujería para mantener a esa persona a su lado o porque en últimas no querían que fuera niño sino niña.
Como lo dice el verso de hoy (Eclesiastés 6:4 NTV) Entonces su nacimiento habría sido insignificante, y él habría terminado en la oscuridad. Ni siquiera habría tenido un nombre.
Vamos a orar.
Amado Señor, hoy yo decido perdonar cualquier dolor o rechazo que haya sufrido durante mi gestación, perdono a mi mamá y a mi papá y me perdono a mí mismo si es que en algún momento me he recriminado con dureza y crueldad. Te doy gracias por la vida que me has dado y por el propósito que hay en toda esta oportunidad de sanar mi alma, mi mente, mi cuerpo y mi corazón de todo dolor que pueda haber llegado a mi vida desde mi gestación. Tuyo soy y recibo sanidad y perdón completamente, en el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Romanos 1-2
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Jueces 11:2 NTV. La esposa de Galaad tuvo varios hijos, y cuando esos medios hermanos de Jefté crecieron, lo echaron del territorio. «Tú no recibirás ninguna parte de la herencia de nuestro padre -le dijeron-, porque eres hijo de una prostituta».
Como lo dice el verso, en el caso de Jefté, él recibió rechazo por parte de sus medio hermanos, lo cual produjo en él sentimientos de rebeldía que lo llevaron a cometer fechorías en su adultez.
De la misma manera, nos podemos ver impactados por lo que han hecho de nosotros al rechazarnos y al entender que desde la concepción, las cosas no estaban bien. Es posible que hayas sido un embarazo no deseado por tus padres, o que hayas sido concebido fuera del matrimonio o como resultado de una relación de adulterio.
Posiblemente fuiste concebido como resultado de una borrachera, o eres el resultado de un abuso sexual o de una relación sexual violenta, y de pronto en medio de todas esas cavilaciones has pensado o sentido que quizá tu mamá haya usado el embarazo como una manera de retener a tu padre a su lado.
Finalmente, el temor en el momento de la concepción como resultado de no querer tener más hijos, puede afectar de manera directa lo que somos y pensamos como adultos, de pronto por la situación económica y de salud de tus padres en el momento de la concepción y durante el embarazo.
Existen muchas razones que nos motivan a buscar la sanidad de esas heridas de la mano de Dios, pues solo de esta manera pueden ser sanadas y traer la libertad que necesitamos a nuestras vidas; de pronto embarazos fallidos, o abortos o la incertidumbre de la identidad de nuestros padres, por cosas que hemos escuchado o percibido en nuestra propia familia, nos pueden causar heridas que necesitan sanarse.
Vamos a orar.
Amado Dios, hoy decido perdonar el maltrato, la dureza y las maneras como tuve que experimentar el milagro de la vida. Te pido perdón por mi rabia y mi amargura y me entrego a ti como tu hijo amado, pues sé que me amas y que no me rechazas y que para ti soy tu hijo amado y me has hecho nacer con un propósito, así sea el de limpiar la historia de mi familia a través del perdón y de tu presencia en nuestras vidas, decido perdonar y con ello, traer bendición total y abundante sobre mi vida y la de mi familia y las personas que amo. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Deuteronomio 32-34
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
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Lucas 1:41 NTV. Al escuchar el saludo de María, el bebé de Elisabet saltó en su vientre y Elisabet se llenó del Espíritu Santo.
Es impresionante en el relato bíblico, ver como lo dice el verso que (Lucas 1:41 NTV) Al escuchar el saludo de María, el bebé de Elisabet saltó en su vientre y Elisabet se llenó del Espíritu Santo, lo cual demuestra que un bebé en el vientre recibe todo de su mamá y del exterior como estímulos, que se traducen en seguridad, presencia, conciencia, sentimientos de temor, alegría o tristeza.
Aun antes de nacer somos sensibles a nuestro entorno y todo ello marca de por vida nuestros temores, seguridades y maneras de ser y de estar.
En este caso, como lo muestra el relato bíblico, José tomó la decisión de abandonar a María, lo cual produjo seguramente en ella una emoción especial que sin duda podría transmitirse como lo veníamos diciendo a su bebé.
No sé cuántas mujeres han pasado por la situación de rechazo de sus hijos por parte de su padre, lo cual ha afectado considerablemente a sus hijos.
En este caso, cuando el ángel le habla a José, él decide aceptarla, sin embargo, ese sentimiento de rechazo y abandono, ya había afectado a Jesús.
Aun así, aunque su papá finalmente creyó que Jesús había sido concebido por el Espíritu Santo, el pueblo no, como lo podemos ver en el diario de Dios, cuando los maestros de la ley le dijeron a Jesús, (Juan 8:41 NVI) —Nosotros no somos hijos ilegítimos —le reclamaron—. Un solo Padre tenemos y es Dios mismo, insinuando así, que era hijo de una prostituta.
Por esa razón la Biblia dice acerca de Jesús: “No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15)
No importa lo que haya vivido o qué tan difíciles hayan sido las circunstancias que rodearon esta etapa de nuestra vida, Dios desea restaurar ese momento y ser nuestro Padre perfecto. Él santificó nuestro linaje y desde el vientre, tiene un propósito para nosotros: (1 Pedro 2:9) (Salmos 139:15-16).
Por eso es importante sanar todo lo que vivimos en el vientre de nuestra madre, tanto en la concepción, como en el embarazo, el nacimiento y la dedicación o consagración que tuvimos después de nacer.
Vamos a orar.
Amado Dios, solo tú sabes lo que sucedió conmigo al momento de conocerse mi existencia y solo tú sabes las reacciones de mi mamá y mi papá. Hoy te pido que me reveles los detalles de ese momento, de tal manera que pueda hacer conciencia de ello y sanar, perdonar y limpiar mi vida de todo resentimiento o daño que me haya podido causar este momento de mi vida. Descanso en ti y en tu perfecta voluntad. Sáname, Señor, y límpiame de todas mis heridas. Decido perdonar para ser perdonado y libre. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Deuteronomio 29-31
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Juan 10:10 NTV. El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante.
Si nos detenemos entre líneas en este verso, podemos darnos cuenta que Jesús dice claramente que su propósito es darnos vida plena y abundante, y con ello trascender un poco más allá la idea primaria de salvación que podemos tener y asimilar que además de entregarnos salvación, quiere darnos vida plena y abundante.
Yo creo que muchas personas reconocen a Jesús como Señor y salvador, pero aún no tienen vida plena y abundante, y eso incluye la sanidad de nuestras emociones.
Y sin temor a equivocarme, puedo pensar que existen muchas personas lisiadas emocionalmente por causa de sus emociones encontradas que cada día se debaten entre la vida y la muerte, pues si no las sanamos esa enfermedad conducirá en declive espiritual total.
Indudablemente, Jesús quiere que tengamos vida plena y abundante, traducida en sanidad de nuestras heridas más íntimas y en la capacidad para afrontar los riesgos de la cotidianidad llenos de provocación, pues todo lo que pasa en nuestro interior afecta considerablemente todas las áreas de nuestra vida.
Por eso debemos reaccionar y evaluar si en realidad tenemos la vida plena y abundante que Jesús quiere para nosotros, traducido en un manejo correcto de nuestras emociones, las cuales se afectan directamente por el pecado, y por las heridas que él causa en nuestro corazón.
Podemos pensar equivocadamente que nuestras emociones están bajo control, pero de repente una situación, un recuerdo, un dolor hace que esa emoción se dispare y perdamos el control.
La buena noticia es que Jesús murió para darnos sanidad y libertad emocional y cambiar así, la manera en la cual reaccionamos y nos relacionamos con nuestro entorno, con Dios y con nosotros mismos, como lo dice (Proverbios 15:13 NVI) El corazón alegre se refleja en el rostro, el corazón dolido deprime el espíritu.
Por eso Dios desea continuar con el proceso de sanidad del dolor, la angustia, la inseguridad, el rechazo, el enojo, y así cambiar en ti y en mí, aun la expresión de ¡nuestra carita! Isaías 61:3 dice “Dios ha ordenado que se dé en nuestra vida esplendor en lugar de aceite de luto y manto de alegría en lugar de angustia” y en este sentido te puedes preguntar por los sentimientos que te han traído ceniza y luto, para que Dios mismo te pueda traer alegría y paz en lugar de esos sentimientos de desolación.
Vamos a orar.
“Señor, te presento mi corazón. Tú sabes más que nadie lo que he vivido, conoces cada situación de mi pasado, aun las que no recuerdo. Tú sabes que hay sentimientos en mi vida que me producen dolor y me impiden vivir la vida abundante y plena que me has prometido. Por eso, te pido que me reveles toda raíz de mi pasado que pueda estar afectándome. Te ruego que cambies los tiempos y me muestres todo lo que necesita ser sanado. Espíritu Santo, desata, en el nombre de Jesús, mi mente, mis emociones y mi voluntad para que pueda ser libre y pueda reconocer los faltantes que deben ser llenados por tu incomparable y perfecto amor. En el nombre de Jesús, amén”.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Deuteronomio 25-28
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Filipenses 2:8 NVI Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!
Así como lo hizo Jesús, al entregar su vida por el perdón de nuestros pecados, y al rendirse a la voluntad del Padre, nosotros mismos necesitamos de alguna manera, rendirnos a Dios y entregar todas aquellas cosas que vivimos reclamando a los demás, como si fuéramos el centro del mundo.
Una de esas cosas que podemos hacer para renunciar a nuestros derechos es acercarnos a Dios confiadamente y en oración rendir nuestra terquedad, orgullo, impaciencia, debilidad y caos, al que solamente los puede recibir y cambiar.
Cuando nos disponemos a esta tarea, de entregar a Dios el derecho sobre todas nuestras cosas, lo reconocemos como el dueño de todo lo que somos, hacemos y tenemos, pues solo de esta manera podemos estar seguros de que Dios nos cuida y guarda todas nuestras cosas.
La entrega de nuestros derechos a Dios implica total confianza en que Él hará lo que sea mejor, y por esa razón debemos estar dispuestos a darle gracias aun cuando las cosas no parecen estar saliendo bien, pues en ocasiones Dios nos prueba para ver si hemos sido sinceros en nuestra entrega, y si realmente es así lo vamos a demostrar por medio de nuestra alabanza y adoración, pues si nos enojamos es porque aún no hemos entregado nuestros derechos y reclamos a Dios.
Finalmente, cuando decidimos morir a nuestros derechos podemos estar seguros que Dios, con el tiempo, siempre nos puede devolver aquello que hemos perdido o aquellas cosas que hemos pedido y que aún no era tiempo de administrar.
Y por eso vemos en el diario de Dios que Jesús mismo estuvo dispuesto a despojarse y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de Cruz! (Filipenses 2:8)
Vamos a orar.
Amado Señor, yo reconozco que he sentido necesidad de reclamar mis derechos egoístas y que con ello he pecado de orgulloso, altivo, inconsciente e insatisfecho. Hoy decido poner mi confianza en ti y descansar en ti completamente y sin exigencias, pues deseo que tú ocupes el primer lugar en mi vida.
Padre santo, decido una vez más perdonar a quienes me rodean y amo, pues quiero buscar solo tu amor que lo envuelve todo por completo y reconozco que solo tú puedes llenar mis faltantes, mis demandas y mis necesidades. Hoy decido volver a ti, Señor, y te entrego todo lo que soy. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Deuteronomio 21-24
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Filipenses 2:5-6 NVI. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, [6] quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.
A diferencia de Jesús, creo que nosotros todo el tiempo estamos aferrados a un montón de cosas que en vez de hacernos libres nos hacen esclavos de nuestro propio egoísmo y de nuestros múltiples reclamos. Nos sentimos heridos cuando sentimos que nuestros derechos son transgredidos y creo yo que en la mayoría de los casos exigimos cosas que no necesitamos exigir ni pedir, lo cual demuestra que no estamos dispuestos a morir como lo hizo Jesús, pues nos dejamos ganar del orgullo y más bien nos sentimos enojados, amargados, rechazados, resentidos o deprimidos con alguien.
Por eso, para evitar esos sentimientos es necesario que diariamente hagamos un proceso de perdón y despojo, para que así, nuestro corazón sea protegido de cualquier herida y podamos vivir de acuerdo a lo que Dios desea para nosotros.
Necesitamos hacer conciencia de cuánto reclamamos a los demás algo que en realidad no deberíamos pedir, más atención, más favoritismos, que nos miren, que nos reconozcan, que nos feliciten, que nos recuerden, que nos atiendan, que nos llamen, que nos correspondan, que nos dejen ver que somos importantes, que nos amen, que nos agradezcan, que nos hagan sentir especiales, o que nos vean, y en este listado todos los que se te vengan a la memoria que te recuerden situaciones en las que has pedido atención y un trato especial, cuando en realidad, como lo dice Jesús, no nos debemos aferrar a nada de esas cosas, pues nuestro valor está en lo que el Señor ya nos ha dado por el mero hecho de existir y de ser sus hijos.
Yo creo que cuando nos dejamos de mirar a nosotros mismos y dejamos de reclamar tanto, en ese momento verdaderamente comenzamos a dar, sin importar lo que los demás nos puedan dar o el provecho que podamos sacar.
Vamos a orar.
Perdóname, Señor, pues no había dimensionado lo que hay detrás de tanto reclamo: inseguridad, falsas motivaciones, vacío, falta de ti, de saciarme con lo que me das y con lo que me permites ser y hacer. Finalmente, todo lo bueno que tengo proviene de ti y todo lo que puedo dar eres tú quien me lo provee para darlo, pues solito y sin tu favor nada tengo y nada puedo compartir con los demás.
Hoy decido dejar de pedir y de reclamar algo, pues la verdad no tengo nada a que aferrarme más que a tu bendita presencia. Tuyo soy, Señor, enséñame a vivir más libre sin aferrarme a nada de lo que tengo ni mucho menos a nada de lo que soy. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Deuteronomio 17-20
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Juan 17:1 NVI. Después de que Jesús dijo esto, dirigió la mirada al cielo y oró así: «Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti».
Como nos podemos dar cuenta, en este verso, Jesús ora por sí mismo y en medio de su oración no hace más que dar gracias al Padre, aun en medio de su agudo dolor por los pecados de la humanidad.
Por esto mismo, podemos entender que el mundo es un gran campo de batalla en el que las fuerzas bajo el poder de Satanás, motivadas por un amargo odio contra Cristo y sus seguidores, se enfrentan contra los que están bajo la autoridad de Dios, y por eso mismo Jesús oró por todos sus discípulos, incluyendo a quienes lo seguimos hoy en día.
Jesús sabía que en el mundo íbamos a pasar por dificultades y situaciones difíciles y por eso mismo le pidió al Padre que nos protegiera del poder de Satanás, y que nos apartara y nos hiciera puros y santos, y que nos uniera en su verdad, ya que somos sus hijos escogidos.
Es por esto que nosotros mismos debemos seguir el modelo de Jesús y buscar a Dios en oración para darle gracias y exponerle nuestro dolor y nuestra situación, de tal manera que nos pueda dar su dirección y con ella, la paz y el reposo que tanto necesitamos.
Vamos a orar.
Amado Dios, en el nombre de Jesús, me despojo de toda depresión que me quiera llevar a la derrota, al desaliento, al desánimo y a la conmiseración. Creo que solo en tu presencia puedo encontrar la alegría y el descanso que necesito, pues tu Espíritu Santo mora en mí y su paz llena mi vida.
Hoy decido dejar en la cruz estos sentimientos y situaciones de dolor y dificultad y creo que Tú moriste por mí y que por eso mismo ya tengo la victoria. Tú eres el gozo de mi salvación y te doy gracias. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Deuteronomio. 13-16
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Juan 16:32 NVI. Miren que viene la hora, y ya es la hora, en que ustedes serán dispersados; cada uno se irá a su propia casa y a mí me dejarán solo. Sin embargo, solo no estoy, porque el Padre está conmigo.
Como nos podemos dar cuenta en el verso, en medio de la dificultad y de la tristeza, Jesús no dejó que la desolación por causa de la dispersión de sus discípulos, ni mucho menos el abandono explícito de todos ellos, acabaran con su fe, pues precisamente para ese momento se había preparado desde el principio, en su tarea de salvar a la humanidad del pecado.
Una de esas maneras como podemos alentarnos al igual que Jesús, consiste en reconocer que no estamos solos y que el Padre está con nosotros.
Como lo dice el verso, en las palabras de Jesús: «Sin embargo, solo no estoy, porque el Padre está conmigo».
Y a Él, le puedes hacer todas las preguntas y le puedes presentar todos tus descargos, pues solo Él tiene todas las respuestas y todas las salidas.
Vamos a orar.
Amado Dios, cuánto te amo y te necesito en medio de mi dificultad y mi prueba. Hoy presento delante de ti todas mis quejas y mis situaciones sin respuesta, pues todas ellas juntas no las puedo comprender.
Enséñame, Señor, respóndeme, déjame ver lo que mis ojos no pueden ver y entender el propósito que tienes para mí, pues sé que me amas y quieres que viva mi vida conforme a tu voluntad y no a la mía.
Quita de mí todo capricho y toda terquedad de querer hacer mi voluntad y llévame más bien a obedecerte y a ser radical con lo que tu palabra dice que debo ser y hacer. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Deuteronomio 9-12
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Mateo 26:36-39 NVI. Luego fue Jesús con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní y dijo: «Siéntense aquí mientras voy más allá a orar». [37] Se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentirse triste y angustiado. [38] «Es tal la angustia que me invade que me siento morir —dijo—. Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo». [39] Yendo un poco más allá, se postró rostro en tierra y oró: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú».
Como lo dice el verso, Jesús, en medio de su tristeza, le dijo a sus amigos que lo acompañaban que iba a orar, pues comenzaba a sentirse triste y angustiado.
De la misma manera, nosotros podemos llegar a experimentar situaciones de dolor y tristeza que no podemos entender y, como lo dice el verso, puede ser tal la angustia que nos sentimos morir. Y es justo en esos momentos en los que no sabemos qué hacer ni para dónde ir.
Dice el verso que yendo un poco más allá, Jesús se postró rostro en tierra y oró. Y yo creo que si nos hace falta de vez en cuando, por no decirlo que casi a diario, postrarnos delante del Señor y hablar con Él, para exponerle nuestro caso y recibir en su presencia la bendita dirección que tanto necesitamos y que posiblemente no habíamos querido entender ni escuchar.
Finalmente, Jesús mismo se despojó de su querer y le dijo al Padre, Señor, que no se haga mi voluntad sino la tuya. Y yo creo que de la misma manera necesitamos rendirnos ante el Creador y decirle, Señor, haz tu voluntad en mi vida y líbrame de todo capricho, altivez y orgullo que me quiera llevar a hacer mi vida a mi manera y no a la tuya. Que se haga en mí tu voluntad, Señor.
Vamos a orar.
Amado Dios, yo te necesito y decido buscar tu dirección ahora mismo en tu palabra. Solo tú me puedes entender y guiar de la manera como necesito. Tuyo soy y quiero que se haga en mí tu voluntad y no la mía. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Deuteronomio 5-8
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