¡Huyan del pecado sexual! Ningún otro pecado afecta tanto el cuerpo como este, porque la inmoralidad sexual es un pecado contra el propio cuerpo. ¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos.
La fornicación se entiende como las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Y creo yo que es una práctica muy común que, de manera engañosa, nos lleva a alejarnos de la voluntad de Dios y simplemente a darle rienda suelta a la experimentación del placer por placer y nada más.
Yo sé que muchas de las personas que han pasado por la fornicación saben que detrás de ella aparece el control de la otra persona como si fuera ya de su propiedad. Y además de ello aparece, en muchos casos, el daño físico, emocional y, en muchos casos, la obsesión que conduce a la muerte.
Eso es lo que pasa cuando despertamos la sexualidad por fuera del orden de Dios diseñado para el matrimonio: obsesión, control y nada más que una acción de uso del otro por un tiempo, hasta que venga la nueva oportunidad de fornicar con alguien más.
Nos volvemos como vasos de un solo uso, que después de usarse simplemente se tiran a la basura y ya. Y todo esto forma parte de las consecuencias del pecado y de hacer las cosas mal, o de ponernos a jugar a la casita, cuando en realidad en el diseño de Dios no está la posibilidad de jugar con nuestro cuerpo ni con nuestros sentimientos de esa manera.
Por eso, como lo dice el verso de hoy, debemos huir del pecado sexual, porque finalmente es un pecado contra el propio cuerpo, y nosotros no somos nuestros dueños, sino Dios.
Vamos a orar.
Perdón, Señor, por la manera tan pobre como hemos llegado a considerar nuestra sexualidad y nuestro cuerpo. Perdón por querer, a como dé lugar, hacer mi voluntad y con ello exponerme al fracaso, a que me usen y a que finalmente pueda salir herido y roto. Hoy me entrego a ti completamente como tu hijo y tu creación, para que se haga en mí tu voluntad y no la mía. En el nombre de Jesús. Amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 2 Crónicas 29-32
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios
Estamos para escucharte. Si necesitas hablar más sobre este tema, puedes escribirnos al WhatsApp 3133340116
Tu Tiempo con el Número Uno. 6ª temporada, 10 de Julio. Mientras permanezca la fornicación.
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1 Corintios 6:18-19 NTV
¡Huyan del pecado sexual! Ningún otro pecado afecta tanto el cuerpo como este, porque la inmoralidad sexual es un pecado contra el propio cuerpo. ¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos.
La fornicación se entiende como las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Y creo yo que es una práctica muy común que, de manera engañosa, nos lleva a alejarnos de la voluntad de Dios y simplemente a darle rienda suelta a la experimentación del placer por placer y nada más.
Yo sé que muchas de las personas que han pasado por la fornicación saben que detrás de ella aparece el control de la otra persona como si fuera ya de su propiedad. Y además de ello aparece, en muchos casos, el daño físico, emocional y, en muchos casos, la obsesión que conduce a la muerte.
Eso es lo que pasa cuando despertamos la sexualidad por fuera del orden de Dios diseñado para el matrimonio: obsesión, control y nada más que una acción de uso del otro por un tiempo, hasta que venga la nueva oportunidad de fornicar con alguien más.
Nos volvemos como vasos de un solo uso, que después de usarse simplemente se tiran a la basura y ya. Y todo esto forma parte de las consecuencias del pecado y de hacer las cosas mal, o de ponernos a jugar a la casita, cuando en realidad en el diseño de Dios no está la posibilidad de jugar con nuestro cuerpo ni con nuestros sentimientos de esa manera.
Por eso, como lo dice el verso de hoy, debemos huir del pecado sexual, porque finalmente es un pecado contra el propio cuerpo, y nosotros no somos nuestros dueños, sino Dios.
Vamos a orar.
Perdón, Señor, por la manera tan pobre como hemos llegado a considerar nuestra sexualidad y nuestro cuerpo. Perdón por querer, a como dé lugar, hacer mi voluntad y con ello exponerme al fracaso, a que me usen y a que finalmente pueda salir herido y roto. Hoy me entrego a ti completamente como tu hijo y tu creación, para que se haga en mí tu voluntad y no la mía. En el nombre de Jesús. Amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 2 Crónicas 29-32
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios
Estamos para escucharte. Si necesitas hablar más sobre este tema, puedes escribirnos al WhatsApp 3133340116
MIguel Montes