Hechos 10:38 NVI Me refiero a Jesús de Nazaret: cómo lo ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder, y cómo anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que estaban oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Como lo dice este verso, el diablo puede oprimir con enfermedad a muchos de nosotros si le damos cabida a él a través del pecado, pero, así mismo, el verso nos muestra que Jesús es sanador por naturaleza, pues el texto dice que Jesús de Nazaret, Dios lo ungió con el Espíritu Santo y con poder para hacer el bien y sanar toda dolencia a la cual el diablo nos pueda someter por tenernos oprimidos.
Así mismo, no debemos entender que la enfermedad es la voluntad de Dios, pues precisamente para eso envió a su Hijo a morir en la cruz, para sanar todas nuestras enfermedades; sin embargo, en el evangelio de Juan podemos encontrar el caso de Lázaro, al cual Jesús se refiere a él diciendo: «La enfermedad de Lázaro no acabará en muerte. Al contrario, sucedió para la gloria de Dios, a fin de que el Hijo de Dios reciba gloria como resultado».
Y es aquí donde podemos entender que, si bien no es parte de la voluntad de Dios que estemos enfermos, Él sí la puede usar para su gloria, como lo dice el verso; y así mismo lo podemos ver con el caso del hombre que había nacido ciego, al cual Jesús, en el momento de sanarlo, dijo que su ceguera no había sido causada por el pecado del hombre ni el pecado de sus padres, sino que dijo: «Esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida» (Juan 9:10), pues solo Dios es glorificado en una enfermedad cuando el enfermo es sanado y ese milagro atrae a las personas a Cristo, o cuando por medio de la enfermedad o a pesar de ella Dios es glorificado.
Vamos a orar.
Amado Dios, gracias por sanarme completamente de mis enfermedades en la cruz y por tu amor inagotable que me limpia y me salva. Hoy te entrego toda opresión que el enemigo haya ganado sobre mi vida por culpa de mi pecado y te pido que me libres y me limpies de toda enfermedad causada por ello. Así mismo, Señor, me entrego a ti confiado de que tú no eres quien trae la enfermedad a mi vida y que, en el caso de sufrirla por el hecho de vivir en un mundo caído y de mi propia insensatez, solo tú y tu glorioso y perfecto poder me puede sanar para que todos vea tu poder y tu gran amor para tu gloria. Tuyo soy, Señor, y recibo la sanidad que proviene de ti. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Eclesiastes 5-8
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios
Estamos para escucharte. Si necesitas hablar más sobre este tema, puedes escribirnos al WhatsApp 3133340116
MIguel Montes
Tu Tiempo con el Número Uno 6.ª temporada, 8 de octubre. Enfermos imaginarios
Tu Tiempo con el Número Uno 6.ª temporada, 10 de octubre. La enfermedad no hace más que robar
Tu Tiempo con el Número Uno 6.ª temporada, 9 de octubre. La enfermedad no es la voluntad de Dios
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Hechos 10:38 NVI
Me refiero a Jesús de Nazaret: cómo lo ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder, y cómo anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que estaban oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Como lo dice este verso, el diablo puede oprimir con enfermedad a muchos de nosotros si le damos cabida a él a través del pecado, pero, así mismo, el verso nos muestra que Jesús es sanador por naturaleza, pues el texto dice que Jesús de Nazaret, Dios lo ungió con el Espíritu Santo y con poder para hacer el bien y sanar toda dolencia a la cual el diablo nos pueda someter por tenernos oprimidos.
Así mismo, no debemos entender que la enfermedad es la voluntad de Dios, pues precisamente para eso envió a su Hijo a morir en la cruz, para sanar todas nuestras enfermedades; sin embargo, en el evangelio de Juan podemos encontrar el caso de Lázaro, al cual Jesús se refiere a él diciendo: «La enfermedad de Lázaro no acabará en muerte. Al contrario, sucedió para la gloria de Dios, a fin de que el Hijo de Dios reciba gloria como resultado».
Y es aquí donde podemos entender que, si bien no es parte de la voluntad de Dios que estemos enfermos, Él sí la puede usar para su gloria, como lo dice el verso; y así mismo lo podemos ver con el caso del hombre que había nacido ciego, al cual Jesús, en el momento de sanarlo, dijo que su ceguera no había sido causada por el pecado del hombre ni el pecado de sus padres, sino que dijo: «Esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida» (Juan 9:10), pues solo Dios es glorificado en una enfermedad cuando el enfermo es sanado y ese milagro atrae a las personas a Cristo, o cuando por medio de la enfermedad o a pesar de ella Dios es glorificado.
Vamos a orar.
Amado Dios, gracias por sanarme completamente de mis enfermedades en la cruz y por tu amor inagotable que me limpia y me salva. Hoy te entrego toda opresión que el enemigo haya ganado sobre mi vida por culpa de mi pecado y te pido que me libres y me limpies de toda enfermedad causada por ello. Así mismo, Señor, me entrego a ti confiado de que tú no eres quien trae la enfermedad a mi vida y que, en el caso de sufrirla por el hecho de vivir en un mundo caído y de mi propia insensatez, solo tú y tu glorioso y perfecto poder me puede sanar para que todos vea tu poder y tu gran amor para tu gloria. Tuyo soy, Señor, y recibo la sanidad que proviene de ti. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Eclesiastes 5-8
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios
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MIguel Montes