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Proverbios 12:19 NVI:» Los labios sinceros permanecen para siempre, pero la lengua mentirosa dura solo un instante».
Cuando decimos mentiras, hacemos afirmaciones falsas para engañar a alguien, pero al mismo tiempo, el hacerlo puede implicar que esa impresión falsa se quede así, en la completa oscuridad y sordidez de la mentira.
Si mentir es engañar tergiversando la verdad o negándola, de manera directa nos estamos engañando a nosotros mismos; y lo mismo hacemos cuando decimos la verdad a medias o solo decimos la parte que nos beneficia. Quedamos de nuevo ocultos y oscuros en el fango pantanoso de la mentira.
La mentira es una manera de eludir mi responsabilidad y al mismo tiempo es una auto-traición, y no solo hacia adentro se ven sus impactos, sino que también a nuestro alrededor nuestras relaciones se debilitan y se dañan.
Desafortunadamente mentir se ha vuelto lo más común y no nos deja ver lo equivocados que estamos, pues cuando tenemos que recurrir a la mentira, es porque algo no anda bien dentro de mí.
Cuánto necesitamos que la verdad habite en nosotros, y la verdad solo puede venir de Dios en su completa y máxima expresión, pues de ninguna manera lo vamos a lograr solos. Por eso dice el verso de (Juan 14:6 NVI): «—Yo soy el camino, la verdad y la vida —contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí». Y Jesús no solo dice la verdad, sino que Él es la verdad.
Cuando persistimos en decir mentiras, incluso las «inofensivas», dejamos de ser lo que Dios nos llama a ser.
Vamos a orar.
Amado Dios, perdóname las mentiras que me creo y las mentiras que he dicho. Yo te pido que me permitas vivir en la libertad de la verdad y renunciar completamente a toda mentira en mi vida. Hoy decido hablar con la verdad y afrontar las consecuencias de mi pecado y de mi mentira, pues solo tú me puedes devolver la libertad que la mentira me ha quitado y me ha robado. Te entrego mi vida, Señor, y te ruego que me enseñes a hablar con la verdad, a pensar con la verdad y a compartir con los demás en una mutualidad llena de tu verdad. En el nombre de Jesús, amén.
Tu Tiempo con el Número Uno. 5ª temporada, 5 de mayo. Mentira.
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Proverbios 12:19 NVI:» Los labios sinceros permanecen para siempre, pero la lengua mentirosa dura solo un instante».
Cuando decimos mentiras, hacemos afirmaciones falsas para engañar a alguien, pero al mismo tiempo, el hacerlo puede implicar que esa impresión falsa se quede así, en la completa oscuridad y sordidez de la mentira.
Si mentir es engañar tergiversando la verdad o negándola, de manera directa nos estamos engañando a nosotros mismos; y lo mismo hacemos cuando decimos la verdad a medias o solo decimos la parte que nos beneficia. Quedamos de nuevo ocultos y oscuros en el fango pantanoso de la mentira.
La mentira es una manera de eludir mi responsabilidad y al mismo tiempo es una auto-traición, y no solo hacia adentro se ven sus impactos, sino que también a nuestro alrededor nuestras relaciones se debilitan y se dañan.
Desafortunadamente mentir se ha vuelto lo más común y no nos deja ver lo equivocados que estamos, pues cuando tenemos que recurrir a la mentira, es porque algo no anda bien dentro de mí.
Cuánto necesitamos que la verdad habite en nosotros, y la verdad solo puede venir de Dios en su completa y máxima expresión, pues de ninguna manera lo vamos a lograr solos. Por eso dice el verso de (Juan 14:6 NVI): «—Yo soy el camino, la verdad y la vida —contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí». Y Jesús no solo dice la verdad, sino que Él es la verdad.
Cuando persistimos en decir mentiras, incluso las «inofensivas», dejamos de ser lo que Dios nos llama a ser.
Vamos a orar.
Amado Dios, perdóname las mentiras que me creo y las mentiras que he dicho. Yo te pido que me permitas vivir en la libertad de la verdad y renunciar completamente a toda mentira en mi vida. Hoy decido hablar con la verdad y afrontar las consecuencias de mi pecado y de mi mentira, pues solo tú me puedes devolver la libertad que la mentira me ha quitado y me ha robado. Te entrego mi vida, Señor, y te ruego que me enseñes a hablar con la verdad, a pensar con la verdad y a compartir con los demás en una mutualidad llena de tu verdad. En el nombre de Jesús, amén.
MIguel Montes