Daniel contestó: -No hay sabios, brujos, magos ni adivinos que puedan dar a conocer el secreto del rey; [28] pero hay un Dios en el cielo, quien revela secretos y le ha dado a conocer al rey Nabucodonosor lo que ocurrirá en el futuro…..
Todos los días nos traen retos de decidir y definir el camino a seguir. Y la verdad es que cuando nos pasa esto, la pregunta más frecuente es: ¿Cómo saber? (Daniel 2:21-23) ¿Cómo saber? Si estoy preparado, ¿Cómo saber? Si ya sané mi pasado y he perdonado para seguir adelante?, ¿Cómo saber? Lo que se encuentra escondido en mí y en los demás y que yo no lo puedo descifrar? ¿Cómo saber? Si no estoy actuando por emoción, por resentimiento, o por dolor o por frustración? ¿Cómo saber? Si la decisión que estoy tomando es la mejor, ¿Cómo saber? Si le soy fiel a Dios, ¿Cómo saber? Si verdaderamente le honro con lo que pienso, con lo que digo y con lo que soy; ¿Cómo saber? Cuál es la hoja de ruta de aquí en adelante? ¿Cómo saber?
Y como lo dice el verso de hoy, la manera más confiable de saberlo es reconocer primero que hay un Dios en el cielo, quien revela secretos y que nos puede dar a conocer lo que ocurrirá en el futuro, por medio de su palabra principalmente; y en esa tarea, Dios mismo nos hará ver lo que no podemos ver.
Esta es la manera más confiable de saber con seguridad si vamos por el camino correcto que Dios quiere para nosotros, como su voluntad, pues (Daniel 2:22 NTV) Él revela cosas profundas y misteriosas y conoce lo que se oculta en la oscuridad, aunque él está rodeado de luz.
Vamos a orar.
Amado Dios, tú que estás rodeado de luz, te pido que alumbres mi entendimiento, mi corazón y mi ser, para tomar las mejores decisiones y caminar decididamente confiado en tu perfecta voluntad. Yo te ruego que no me dejes desviar de ninguna manera, ni por la ambición, ni por el egoísmo, ni por la lujuria, ni por mis pensamientos y emociones, sino más bien que me guíes en tu presencia y me permitas ver en tu palabra, las coordenadas de vuelo que necesito para seguir viviendo conforme a tu bendita voluntad. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Juan 15-16
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Juan 14:27 NTV. »Les dejo un regalo: paz en la mente y en el corazón. Y la paz que yo doy es un regalo que el mundo no puede dar. Así que no se angustien ni tengan miedo.
Después de la tormenta y de las aguas sacudidas por causa de todas aquellas situaciones inesperadas, nos podemos dar cuenta que Dios, de múltiples maneras, se busca la manera de confortarnos y de traernos, como lo dice el verso de hoy, paz en la mente y paz en el corazón. Y ese regalo solo nos lo puede dar a plenitud el Señor, quien permanentemente conoce nuestras angustias, nuestros trajines y descansos y nuestras luchas más secretas.
Finalmente, como para completar el consuelo de Dios sobre nuestras vidas, él mismo nos dice en su palabra: «No se angustien ni tengan miedo» (Isaías 44:3 NTV) Pues derramaré agua para calmar tu sed y para regar tus campos resecos; derramaré mi Espíritu sobre tus descendientes, y mi bendición sobre tus hijos.
Paz en la mente y paz en el corazón, el mejor regalo que Dios nos puede traer por la satisfacción que viene de perdonar, y de reconciliarnos con quienes amamos.
Vamos a orar.
Amado Dios, hoy te doy gracias por traer paz a mi mente y a mi corazón. Gracias por sostenerme en medio de mi debilidad, de mi tristeza y de mi dolor, gracias por ayudarme a perdonar y a reconciliarme con las personas que más amo, en medio de la tormenta y de las aguas sacudidas, descanso en ti, Señor, agradecido por la paz que me das. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Juan 13-14
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Salmo 116:15-16 NTV. Al SEÑOR le conmueve profundamente la muerte de sus amados. [16] Oh SEÑOR, soy tu siervo; sí, soy tu siervo, nací en tu casa; me has liberado de mis cadenas.
Aun en la muerte, sabemos que Dios permanece cerca de nosotros. Cuando un creyente que amamos está cerca de morir, es posible que nos llenemos de tristeza, pero podemos encontrar consuelo al recordar que los creyentes (los amados del Señor) son preciosos para Dios, y él elige con cuidado el momento cuando serán llamados a su presencia.
Como lo dice la canción de Marcos Vidal, «que se alegra tanto de que haya vuelto a casa,…que no piense, que descanse, que no pasa nada»…. Ahí podemos entender que lo que significa dolor y pérdida para nosotros, para Dios es una oportunidad de abrazarnos con su perfecto amor y devolvernos la paz y la protección que solo en su regazo podemos recibir.
Por eso el salmista termina en el verso dando cuenta de lo especial que es la bendición de su liberación y escribe literalmente: Oh SEÑOR, soy tu siervo; sí, soy tu siervo, nací en tu casa; me has liberado de mis cadenas, y la verdad lo que hace Dios con cada uno de nosotros al momento de llevarnos a su presencia es romper con todas nuestras ataduras y prisiones y traernos para siempre a la libertad de su presencia.
Vamos a orar.
Gracias, Señor, por el regalo de la vida y de la muerte, pues el vivir eres tú y la muerte es ganancia. Hoy descanso en tu protección que me envuelve por completo, seguro y confiado de que siempre haces tu perfecta y buena voluntad y que además de ello, nos libras de nuestras cadenas y nos permites con cada día que podemos vivir, reconocer que tú eres el único camino, y nuestra única esperanza. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Juan 11-12
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Proverbios 15:13 NVI. El corazón alegre se refleja en el rostro, el corazón dolido deprime el espíritu.
Una canción que el Señor me regaló hace mucho tiempo dice: Él no pasó de largo, se detuvo frente a mí, a sanar mis heridas y a hacerme sonreír, pues fueron sus heridas las que pagó por mí.
Y yo creo que el interés primordial de Dios ha sido siempre el de sanar nuestras heridas y el de darnos una nueva vida y por eso mismo sacrificó a su único hijo para que pudiéramos recibir el consuelo, y la sanidad que necesitamos tanto de las heridas del cuerpo como del alma, para encontrar la verdadera y completa libertad en su presencia.
Como lo dice el verso de hoy, las aflicciones se nos notan en la carita, pues cuando estamos en situaciones difíciles no hacemos más que mostrar nuestro dolor y nuestra debilidad; así mismo, el corazón alegre y esperanzado se refleja en el rostro y eso significaría descanso y reposo en Dios.
Dios quiere sanar todas nuestras heridas, pues fueron sus heridas las que se entregaron por amor para que nosotros pudiéramos tener un poco más de liviandad y descanso en las aflicciones que sufrimos en este mundo.
Vamos a orar.
Señor, gracias porque hoy sé que tú no pasas de largo en medio de mi dolor y de mi necesidad. Hoy descanso en tu presencia y te ruego me enseñes a entender y recibir tu voluntad para mi vida, que sé que siempre es buena, perfecta y agradable. Te entrego mi dolor, Señor, mis heridas y mi aflicción y decido descansar en ti completamente, en el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Juan 9-10
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Isaías 1:5-6 NVI. ¿Por qué recibir más golpes? ¿Por qué insistir en la rebelión? Toda su cabeza está herida, todo su corazón está enfermo. [6] Desde la planta del pie hasta la coronilla no les queda nada sano: todo en ellos es heridas, moretones y llagas abiertas, que no les han sido curadas, ni vendadas, ni aliviadas con aceite.
Normalmente, cuando vienen las enfermedades y los problemas físicos, detrás de todo ello existen causas emocionales que nos llevan al límite y que inciden en el deterioro físico. Y como lo dice el verso de Isaías, podemos estar llenos de golpes, y aún así insistir en la rebelión, con la cabeza herida, y el corazón enfermo, desde la planta del pie hasta la coronilla, sin que nada nos quede sano.
Y la realidad es que muchas personas no son más que heridas, moretones, y llagas abiertas que no han sido curadas, ni vendadas ni aliviadas con aceite, como lo dice la bendita palabra de Dios. Seguramente habrás buscado sanidad para todas estas aflicciones en muchas partes y de muchas maneras, pero la única, la sobrenatural y la más completa, se puede obtener y recibir directamente de Dios, cuando le exponemos nuestro caso y nos dejamos vendar las heridas con su palabra y su perfecto amor.
Por eso, la sanidad de las emociones es un proceso que exige tiempo y obediencia a la Palabra de Dios y no solo eso, sino que demanda de parte nuestra que le conozcamos a profundidad, de tal manera que podamos entender lo que Dios está haciendo con nosotros y el lugar a donde nos quiere llevar.
Una cosa clara es que el Señor trata a cada persona de manera diferente, y según su dolencia y para ello, lo importante es reconocer que tenemos heridas, y en esa medida, disponer nuestro corazón para que Él nos revele dónde necesitamos sanidad y estar dispuestos a que esas heridas sean confrontadas y expuestas. Solo Dios nos conoce completamente y sabe lo que necesitamos.
Vamos a orar.
Amado Dios, aquí estoy sin saber para dónde coger, en medio de mi dolor y mi enfermedad, necesitando de ti un milagro de sanidad. Sáname, Señor, enséñame tu palabra y dame de tu medicina, pues quiero saber cuál es tu voluntad para mi vida. Hoy me entrego a ti y me dispongo para dejarme curar y sanar completamente por ti. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Juan 7-8
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
1 Reyes 19:3-4 NVI. Elías se asustó y huyó para ponerse a salvo. Cuando llegó a Berseba de Judá, dejó allí a su criado [4] y caminó todo un día por el desierto. Llegó adonde había un arbusto de retama y se sentó a su sombra con ganas de morirse. «¡Estoy harto, SEÑOR! —protestó—. Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados».
Tal como le sucedió a Elías, en muchas ocasiones por causa de la frustración o la pérdida, podemos sentir ganas de morirnos y con este ejemplo nos podemos dar cuenta que pueden ser múltiples las razones por las cuales vamos a tener heridas emocionales y este listado nos ayuda a identificar algunas de ellas. De pronto el abuso físico, el abuso verbal, el abuso emocional y en algunos casos el abuso sexual, o el incesto, o caricias y contactos sexuales hechos por los padres o por otra persona pueden ser la causa de nuestras heridas emocionales y de nuestras reacciones a la defensiva, o prevenidas en todo momento.
Así mismo, en otros casos el abandono, la desilusión, los fracasos, el engaño, la mentira, la falta de los papás, o de alguno de ellos, la disciplina forzada y violenta, la sobreprotección, o la falta de disciplina, pueden ser otros motivos por los cuales nuestras emociones se han exacerbado, y se han llenado de temores o también como resultado de la sobreprotección, o la comparación, la culpa, o el deterioro físico a causa de un sobre esfuerzo y el poco descanso, todos estos factores nos pueden ayudar a determinar el por qué de nuestras reacciones y el por qué de nuestros traumas emocionales.
En este caso Elías, después de una gran batalla, debido a su cansancio, pero también al miedo, fue vulnerable a la reacción de sus emociones y deseaba morirse.
Vamos a orar.
Amado Señor, tú me conoces y sabes todo sobre mí. No te puedo ocultar nada de mi vida, de mis experiencias y de mis emociones y de las maneras como siento y pienso. Hoy te entrego mi dolor, mi rabia, mi frustración y todas mis emociones, de tal manera que en tus manos pueda recibir la sanidad que necesito y el perdón de todas aquellas situaciones que me producen dolor. Hoy decido ser dócil en tus manos y dejarme llevar por tu santo espíritu a ese lugar de reposo y descanso que solo tú me puedes dar para sanar mis emociones y la raíz de todas ellas. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Juan 5-6
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
1 Juan 3:20 NTV. Aun si nos sentimos culpables, Dios es superior a nuestros sentimientos y él lo sabe todo.
En muchas ocasiones podemos pensar que las emociones son el problema y la realidad es que las emociones que experimentamos no son la causa del problema, sino la manifestación de otras cosas que nos están pasando y no le estamos prestando atención. Por eso mismo, en el mar de las emociones, antes de tratar con ellas, debemos conocer qué las produce y eso significa ir a la raíz de lo que siento y externalizo como emoción en medio de mis situaciones difíciles y problemáticas y determinar por qué se están produciendo.
Todo ello nos va a llevar a tener una perspectiva completamente clara de nuestras emociones y solo de esa manera nos podremos encargar una por una de buscar su sanidad y restauración. Algunas de estas emociones pueden ser el resultado de experiencias dolorosas y muchas otras el rezago de lo que hemos construido como personalidad, defensa y el yo.
La idea es que puedas con este listado, hacerte una idea de cuáles son esas emociones más comunes y de una vez te obligues a buscar lo que la causa. Algunas de ellas son: tristeza, depresión, melancolía, nostalgia por el pasado, desánimo, despropósito, incertidumbre, indiferencia, apatía, ansiedad, preocupación, intranquilidad, angustia, culpabilidad, condenación, vergüenza, sentirse sucio, estar negativo, pesimista, con deseos de morir, lleno de ira, irritable, enojado, resentido, con amargura, o lleno de temores, temor al divorcio, a quedarse solo, a quedarse sin trabajo, a ser engañado, a no ser tenido en cuenta ni valorado, temor a enfermarse, a caerse, temor a ser rechazado, a no ser reconocido, a que se burlen de mí, a sufrir un accidente, o de pronto emociones que me ponen siempre en el lugar de la víctima, de compararme con otros, de odiar mis cosas, a los demás, emociones de juicio, inseguridad, complejos, timidez, aislamiento, rebeldía, celos, y muchas otras más que tú mismo puedas identificar.
Todo este listado nos debe permitir hacer conciencia de lo que sentimos y con ello, de lo que nos dispara ese tipo de sentimientos y emociones que en la mayoría de los casos, más que hacernos bien, nos, terminan dañándonos más de lo que podemos imaginar. Nuestra espiritualidad nos debe llevar a tener y experimentar una vida más feliz de la mano de Dios, permitiendo que Él sane nuestras emociones y nuestras maneras de responder ante las situaciones límite.
Vamos a orar.
Gracias, Señor, por tu palabra que me trae libertad y por el descanso que trae a mi alma el saber que tú estás interesado en mis emociones y en mis maneras de responder a cada situación difícil o precipitada que vivo. Solo tú conoces lo que pasa por mi mente y mi corazón y hoy decido poner delante de ti mis emociones contrastadas y difíciles que sin ti no puedo controlar ni moderar. Enséñame, Señor, a moderar mi carácter y mis maneras de expresar el amor, la frustración, el descanso, la alegría, el desacuerdo y todo aquello que me puede poner en riesgo de responder mal y de alejarme de ti. Tuyo soy, Señor, y hoy decido sanar mis emociones contigo y descubrir la raíz de todo lo que me pasa para que en tu presencia pueda ser sanado y restaurado, en el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Juan 3-4
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Así que hagan morir las cosas pecaminosas y terrenales que acechan dentro de ustedes. No tengan nada que ver con la inmoralidad sexual, la impureza, las bajas pasiones y los malos deseos. No sean avaros, pues la persona avara es idólatra porque adora las cosas de este mundo. [6] A causa de esos pecados, viene la furia de Dios. [7] Ustedes solían hacer esas cosas cuando su vida aún formaba parte de este mundo; [8] pero ahora es el momento de eliminar el enojo, la furia, el comportamiento malicioso, la calumnia y el lenguaje sucio.
Si bien es muy difícil hacer un listado completo de todas aquellas cosas que constituyen pecado en nuestras vidas, el listado a continuación nos ayuda a tener una idea de todas aquellas cosas que, si aparecen en nuestras vidas, van a lograr su cometido de apartarnos de Dios y llevarnos directamente al desierto.
Algunas de estas cosas pueden ser: gritar, robar, vengarme, no perdonar, envidiar, mentir, quejarme, compararme, hablar de los demás, murmurar, llegar tarde y salir temprano, incumplir, postergar, excusar, argumentar, inventar, justificar, hacer fraude, hacer pereza, dejar sin terminar las cosas, criticar, tomar, fumar, drogarme, automedicarme, huir de las situaciones, jugar, apostar, prestar a interés, jugar lotería, chance, leer horóscopos, cartas, cigarrillo, cábalas, agüeros, casinos, balotos, escuchar música depresiva, de derrota, infidelidad, venganza, desamor, lujuria, engaño, muerte, desolación, ser materialista, grosero, sucio en el hablar, lujurioso, impuro, acusador, traicionero, contra toda norma, ansioso, soñando despierto, sin rutinas ni disciplinas, con mañas, pornografía, bullicioso, llamando la atención en todo momento, inoportuno, inmaduro cuando de resolver cosas serias se trata, burlón, egocéntrico, desordenado, lleno de luchas con tu apariencia, el placer y las relaciones, te gusta exhibirte o mostrar todo lo que eres, lo que haces y lo que tienes para buscar admiración o llamar la atención o que los demás no te menosprecien.
Si nos damos cuenta, todos estos síntomas son más comunes de lo que nos imaginamos y posiblemente nosotros tengamos algunos de ellos muy presentes, que se vuelven pecados habituales y los normalizamos como si fueran inofensivos y como si no pasara nada con su práctica, y puede ser que todo el tiempo y en muchas ocasiones estemos luchando con ellos, pues bien sabemos que nos producen tristeza, sequedad y un raquitismo espiritual que a leguas se nota, que todos lo ven y que al final nos terminan matando y destruyendo.
Vamos a orar:
“Padre, Tú nos mandas que nos vistamos del Señor Jesucristo y que no le demos lugar a los deseos de la carne: hoy reconozco ante Ti que me he acostumbrado a pecar y hacer una y otra vez lo mismo, sin un verdadero arrepentimiento, justificando mis decisiones y actitudes. En este día me acerco a Ti, Padre Dios, confieso como pecado la mentira, el juicio, el robo, la gritería, la venganza, la lujuria en mis ojos y palabras; confieso la pereza, la indisciplina y mi falta de palabra y todas aquellas cosas que en este listado aún sean parte de mi vida. Te pido perdón por todo pecado que ha afectado mi cuerpo, hoy lo consagro a Ti y lo desato de todo vicio o atadura sexual que esté llevándome al pasado y renuncio en el nombre de Jesús, a todo espíritu de mundanalidad, lujuria, codicia, mentira, inmoralidad y religiosidad. Renuncio a todo espíritu del anticristo que se opone a mi santidad y que me lleva a ser autosuficiente. Declaro, Padre amado, que en Cristo, mis pecados son perdonados y que Tú me has hecho nueva criatura por el poder de la sangre de Jesús. Amén”.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Juan 1-2
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Lucas 9:23-24 NTV. Entonces dijo a la multitud: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz cada día y seguirme. [24] Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás, pero si entregas tu vida por mi causa, la salvarás.
Yo creo que todos los días tenemos situaciones en las que volvemos a poner nuestra persona en todo su esplendor por encima de los demás y entonces criticamos, murmuramos, nos comparamos, miramos por encima del hombro, mejor dicho, todas aquellas cosas que no nos dejan morir al yo y de las cuales debemos estar super pendientes de tal manera que no volvamos a caer en el mismo precipicio. Eso en términos evangélicos se llama crucificar la carne y en términos comunes y entendibles se llama morir al yo, a mi egoísmo, a mis ínfulas y a todo aquello que no me deja ser la persona que Dios diseñó para que yo fuera.
Por eso dice el verso: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir». Y la verdad es que la causa de todos nuestros conflictos es el egoísmo de nuestra naturaleza humana, pues solo pensamos en nosotros mismos, en mi placer, en mis tiempos, en mis cosas, en mis gustos y en todo ello, mi, mi, mi, mi, mi. Y por eso terminamos tomando decisiones de lo que me parece, según lo que siento, lo que pienso y lo que yo quiero, sin importar la voluntad de Dios, ni lo que Dios dice que debemos hacer.
Todo esto nos lleva a una conclusión: Necesitamos saber cuál es la voluntad de Dios para nuestra vida y definitivamente hacerla, llevarla a la práctica, así nos duela y así eso vaya en contra de nuestro propio egoísmo y terquedad. La ventaja es que Dios siempre nos va a llevar a lo mejor de lo mejor, lleno de pureza y santidad, de tal manera que de manera progresiva entendamos cuál es su voluntad para nuestras vidas y de esta manera podamos morir al yo, como lo dice (Gálatas 2:20 NTV): Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí…
Vamos a orar:
«Padre Santo, me despojo hoy del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos de la carne. Hoy muero a mí mismo, a mi manera de ser y ver la vida, y me someto a tu voluntad, la cual es buena, agradable y perfecta. Declaro en el nombre de Jesús, que nada se puede enseñorear de mí, todo fue destruido en la cruz y ya no tiene poder y autoridad en mi vida. Renuncio y me despojo de toda vanidad de la mente, de todo lo que ha hecho que viva una vida alejada de Dios. Renuncio a apoyarme en mi propia prudencia, a todo derecho como hijo, esposo, hermano, empleado, discípulo, que me lleva a demandar o exigirle a otros que suplan mis necesidades. Renuncio a todo sentimiento, deseo y motivación egoísta y confieso que con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí, y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios quien me amó y se entregó por mí. Renuncio para siempre a toda pasividad que me lleva a no ejercer mi voluntad y decido andar en el Espíritu y vivir en la bendición y libertad que Cristo ya me dio. Declaro que soy templo del Espíritu Santo y por medio de Él, me apropio de la nueva vida, vestido de nuevo hombre creado según Dios, en justicia y santidad. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Levítico 25-27
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Proverbios 28:13 NTV. Los que encubren sus pecados no prosperarán, pero si los confiesan y los abandonan, recibirán misericordia.
Como nos podemos dar cuenta, el mero hecho de no confesar nuestros pecados, trae como consecuencia sequedad, y mucho más allá de ello, nos distancia de la presencia de Dios y de la autoridad para ser sus portavoces, por lo cual no vamos a tener credibilidad alguna. Como lo dice (1 Pedro 3:15-16 NVI), debemos estar preparados para responder a todo el que pida razón de la esperanza que hay en nosotros.
Así mismo, encubrir nuestro pecado impide que tomemos buenas decisiones, pues siempre vamos a estar a expensas de esa culpa que nos inmoviliza y no nos deja avanzar correctamente. Todo esto hace que no tengamos el poder para vencer las tentaciones que se nos presentan, y por eso mismo nos avisa de nuevo que el simple hecho de evitar una situación vergonzosa nos puede librar de muchas tentaciones.
Finalmente, no tendremos libertad para fortalecer amistades profundas, pues si nos damos cuenta, por causa de nuestra imprudencia posiblemente hemos ofendido y roto lo que había comenzado como una amistad verdadera. Por eso necesitamos restituir de manera sistemática a cada persona que hayamos herido o dañado, pues si no lo logramos hacer, las puertas de los cielos se cerrarán y ello impedirá que prospere nuestra alma y nuestra vida en general.
Vamos a orar.
Ayúdame, Señor, a restituir el daño causado. Te pido que me reveles, persona a persona, el daño hecho y, con ello, me des la estrategia y las maneras de restituir, pues restituir quiero completamente y sin escatimar. Límpiame, Señor, a través de la restitución de mi alma y de todos aquellos a quienes necesito compensar, restaurar y restituir. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Levítico 21-24
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Daniel 2:27-28 NTV
Daniel contestó: -No hay sabios, brujos, magos ni adivinos que puedan dar a conocer el secreto del rey; [28] pero hay un Dios en el cielo, quien revela secretos y le ha dado a conocer al rey Nabucodonosor lo que ocurrirá en el futuro…..
Todos los días nos traen retos de decidir y definir el camino a seguir. Y la verdad es que cuando nos pasa esto, la pregunta más frecuente es: ¿Cómo saber? (Daniel 2:21-23) ¿Cómo saber? Si estoy preparado, ¿Cómo saber? Si ya sané mi pasado y he perdonado para seguir adelante?, ¿Cómo saber? Lo que se encuentra escondido en mí y en los demás y que yo no lo puedo descifrar? ¿Cómo saber? Si no estoy actuando por emoción, por resentimiento, o por dolor o por frustración? ¿Cómo saber? Si la decisión que estoy tomando es la mejor, ¿Cómo saber? Si le soy fiel a Dios, ¿Cómo saber? Si verdaderamente le honro con lo que pienso, con lo que digo y con lo que soy; ¿Cómo saber? Cuál es la hoja de ruta de aquí en adelante? ¿Cómo saber?
Y como lo dice el verso de hoy, la manera más confiable de saberlo es reconocer primero que hay un Dios en el cielo, quien revela secretos y que nos puede dar a conocer lo que ocurrirá en el futuro, por medio de su palabra principalmente; y en esa tarea, Dios mismo nos hará ver lo que no podemos ver.
Esta es la manera más confiable de saber con seguridad si vamos por el camino correcto que Dios quiere para nosotros, como su voluntad, pues (Daniel 2:22 NTV) Él revela cosas profundas y misteriosas y conoce lo que se oculta en la oscuridad, aunque él está rodeado de luz.
Vamos a orar.
Amado Dios, tú que estás rodeado de luz, te pido que alumbres mi entendimiento, mi corazón y mi ser, para tomar las mejores decisiones y caminar decididamente confiado en tu perfecta voluntad. Yo te ruego que no me dejes desviar de ninguna manera, ni por la ambición, ni por el egoísmo, ni por la lujuria, ni por mis pensamientos y emociones, sino más bien que me guíes en tu presencia y me permitas ver en tu palabra, las coordenadas de vuelo que necesito para seguir viviendo conforme a tu bendita voluntad. En el nombre de Jesús, amén.
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Juan 14:27 NTV. »Les dejo un regalo: paz en la mente y en el corazón. Y la paz que yo doy es un regalo que el mundo no puede dar. Así que no se angustien ni tengan miedo.
Después de la tormenta y de las aguas sacudidas por causa de todas aquellas situaciones inesperadas, nos podemos dar cuenta que Dios, de múltiples maneras, se busca la manera de confortarnos y de traernos, como lo dice el verso de hoy, paz en la mente y paz en el corazón. Y ese regalo solo nos lo puede dar a plenitud el Señor, quien permanentemente conoce nuestras angustias, nuestros trajines y descansos y nuestras luchas más secretas.
Finalmente, como para completar el consuelo de Dios sobre nuestras vidas, él mismo nos dice en su palabra: «No se angustien ni tengan miedo» (Isaías 44:3 NTV) Pues derramaré agua para calmar tu sed y para regar tus campos resecos; derramaré mi Espíritu sobre tus descendientes, y mi bendición sobre tus hijos.
Paz en la mente y paz en el corazón, el mejor regalo que Dios nos puede traer por la satisfacción que viene de perdonar, y de reconciliarnos con quienes amamos.
Vamos a orar.
Amado Dios, hoy te doy gracias por traer paz a mi mente y a mi corazón. Gracias por sostenerme en medio de mi debilidad, de mi tristeza y de mi dolor, gracias por ayudarme a perdonar y a reconciliarme con las personas que más amo, en medio de la tormenta y de las aguas sacudidas, descanso en ti, Señor, agradecido por la paz que me das. En el nombre de Jesús, amén.
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Salmo 116:15-16 NTV. Al SEÑOR le conmueve profundamente la muerte de sus amados. [16] Oh SEÑOR, soy tu siervo; sí, soy tu siervo, nací en tu casa; me has liberado de mis cadenas.
Aun en la muerte, sabemos que Dios permanece cerca de nosotros. Cuando un creyente que amamos está cerca de morir, es posible que nos llenemos de tristeza, pero podemos encontrar consuelo al recordar que los creyentes (los amados del Señor) son preciosos para Dios, y él elige con cuidado el momento cuando serán llamados a su presencia.
Como lo dice la canción de Marcos Vidal, «que se alegra tanto de que haya vuelto a casa,…que no piense, que descanse, que no pasa nada»…. Ahí podemos entender que lo que significa dolor y pérdida para nosotros, para Dios es una oportunidad de abrazarnos con su perfecto amor y devolvernos la paz y la protección que solo en su regazo podemos recibir.
Por eso el salmista termina en el verso dando cuenta de lo especial que es la bendición de su liberación y escribe literalmente: Oh SEÑOR, soy tu siervo; sí, soy tu siervo, nací en tu casa; me has liberado de mis cadenas, y la verdad lo que hace Dios con cada uno de nosotros al momento de llevarnos a su presencia es romper con todas nuestras ataduras y prisiones y traernos para siempre a la libertad de su presencia.
Vamos a orar.
Gracias, Señor, por el regalo de la vida y de la muerte, pues el vivir eres tú y la muerte es ganancia. Hoy descanso en tu protección que me envuelve por completo, seguro y confiado de que siempre haces tu perfecta y buena voluntad y que además de ello, nos libras de nuestras cadenas y nos permites con cada día que podemos vivir, reconocer que tú eres el único camino, y nuestra única esperanza. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Juan 11-12
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Proverbios 15:13 NVI. El corazón alegre se refleja en el rostro, el corazón dolido deprime el espíritu.
Una canción que el Señor me regaló hace mucho tiempo dice: Él no pasó de largo, se detuvo frente a mí, a sanar mis heridas y a hacerme sonreír, pues fueron sus heridas las que pagó por mí.
Y yo creo que el interés primordial de Dios ha sido siempre el de sanar nuestras heridas y el de darnos una nueva vida y por eso mismo sacrificó a su único hijo para que pudiéramos recibir el consuelo, y la sanidad que necesitamos tanto de las heridas del cuerpo como del alma, para encontrar la verdadera y completa libertad en su presencia.
Como lo dice el verso de hoy, las aflicciones se nos notan en la carita, pues cuando estamos en situaciones difíciles no hacemos más que mostrar nuestro dolor y nuestra debilidad; así mismo, el corazón alegre y esperanzado se refleja en el rostro y eso significaría descanso y reposo en Dios.
Dios quiere sanar todas nuestras heridas, pues fueron sus heridas las que se entregaron por amor para que nosotros pudiéramos tener un poco más de liviandad y descanso en las aflicciones que sufrimos en este mundo.
Vamos a orar.
Señor, gracias porque hoy sé que tú no pasas de largo en medio de mi dolor y de mi necesidad. Hoy descanso en tu presencia y te ruego me enseñes a entender y recibir tu voluntad para mi vida, que sé que siempre es buena, perfecta y agradable. Te entrego mi dolor, Señor, mis heridas y mi aflicción y decido descansar en ti completamente, en el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Juan 9-10
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
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Isaías 1:5-6 NVI. ¿Por qué recibir más golpes? ¿Por qué insistir en la rebelión? Toda su cabeza está herida, todo su corazón está enfermo. [6] Desde la planta del pie hasta la coronilla no les queda nada sano: todo en ellos es heridas, moretones y llagas abiertas, que no les han sido curadas, ni vendadas, ni aliviadas con aceite.
Normalmente, cuando vienen las enfermedades y los problemas físicos, detrás de todo ello existen causas emocionales que nos llevan al límite y que inciden en el deterioro físico. Y como lo dice el verso de Isaías, podemos estar llenos de golpes, y aún así insistir en la rebelión, con la cabeza herida, y el corazón enfermo, desde la planta del pie hasta la coronilla, sin que nada nos quede sano.
Y la realidad es que muchas personas no son más que heridas, moretones, y llagas abiertas que no han sido curadas, ni vendadas ni aliviadas con aceite, como lo dice la bendita palabra de Dios. Seguramente habrás buscado sanidad para todas estas aflicciones en muchas partes y de muchas maneras, pero la única, la sobrenatural y la más completa, se puede obtener y recibir directamente de Dios, cuando le exponemos nuestro caso y nos dejamos vendar las heridas con su palabra y su perfecto amor.
Por eso, la sanidad de las emociones es un proceso que exige tiempo y obediencia a la Palabra de Dios y no solo eso, sino que demanda de parte nuestra que le conozcamos a profundidad, de tal manera que podamos entender lo que Dios está haciendo con nosotros y el lugar a donde nos quiere llevar.
Una cosa clara es que el Señor trata a cada persona de manera diferente, y según su dolencia y para ello, lo importante es reconocer que tenemos heridas, y en esa medida, disponer nuestro corazón para que Él nos revele dónde necesitamos sanidad y estar dispuestos a que esas heridas sean confrontadas y expuestas. Solo Dios nos conoce completamente y sabe lo que necesitamos.
Vamos a orar.
Amado Dios, aquí estoy sin saber para dónde coger, en medio de mi dolor y mi enfermedad, necesitando de ti un milagro de sanidad. Sáname, Señor, enséñame tu palabra y dame de tu medicina, pues quiero saber cuál es tu voluntad para mi vida. Hoy me entrego a ti y me dispongo para dejarme curar y sanar completamente por ti. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Juan 7-8
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1 Reyes 19:3-4 NVI. Elías se asustó y huyó para ponerse a salvo. Cuando llegó a Berseba de Judá, dejó allí a su criado [4] y caminó todo un día por el desierto. Llegó adonde había un arbusto de retama y se sentó a su sombra con ganas de morirse. «¡Estoy harto, SEÑOR! —protestó—. Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados».
Tal como le sucedió a Elías, en muchas ocasiones por causa de la frustración o la pérdida, podemos sentir ganas de morirnos y con este ejemplo nos podemos dar cuenta que pueden ser múltiples las razones por las cuales vamos a tener heridas emocionales y este listado nos ayuda a identificar algunas de ellas. De pronto el abuso físico, el abuso verbal, el abuso emocional y en algunos casos el abuso sexual, o el incesto, o caricias y contactos sexuales hechos por los padres o por otra persona pueden ser la causa de nuestras heridas emocionales y de nuestras reacciones a la defensiva, o prevenidas en todo momento.
Así mismo, en otros casos el abandono, la desilusión, los fracasos, el engaño, la mentira, la falta de los papás, o de alguno de ellos, la disciplina forzada y violenta, la sobreprotección, o la falta de disciplina, pueden ser otros motivos por los cuales nuestras emociones se han exacerbado, y se han llenado de temores o también como resultado de la sobreprotección, o la comparación, la culpa, o el deterioro físico a causa de un sobre esfuerzo y el poco descanso, todos estos factores nos pueden ayudar a determinar el por qué de nuestras reacciones y el por qué de nuestros traumas emocionales.
En este caso Elías, después de una gran batalla, debido a su cansancio, pero también al miedo, fue vulnerable a la reacción de sus emociones y deseaba morirse.
Vamos a orar.
Amado Señor, tú me conoces y sabes todo sobre mí. No te puedo ocultar nada de mi vida, de mis experiencias y de mis emociones y de las maneras como siento y pienso. Hoy te entrego mi dolor, mi rabia, mi frustración y todas mis emociones, de tal manera que en tus manos pueda recibir la sanidad que necesito y el perdón de todas aquellas situaciones que me producen dolor. Hoy decido ser dócil en tus manos y dejarme llevar por tu santo espíritu a ese lugar de reposo y descanso que solo tú me puedes dar para sanar mis emociones y la raíz de todas ellas. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Juan 5-6
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1 Juan 3:20 NTV. Aun si nos sentimos culpables, Dios es superior a nuestros sentimientos y él lo sabe todo.
En muchas ocasiones podemos pensar que las emociones son el problema y la realidad es que las emociones que experimentamos no son la causa del problema, sino la manifestación de otras cosas que nos están pasando y no le estamos prestando atención. Por eso mismo, en el mar de las emociones, antes de tratar con ellas, debemos conocer qué las produce y eso significa ir a la raíz de lo que siento y externalizo como emoción en medio de mis situaciones difíciles y problemáticas y determinar por qué se están produciendo.
Todo ello nos va a llevar a tener una perspectiva completamente clara de nuestras emociones y solo de esa manera nos podremos encargar una por una de buscar su sanidad y restauración. Algunas de estas emociones pueden ser el resultado de experiencias dolorosas y muchas otras el rezago de lo que hemos construido como personalidad, defensa y el yo.
La idea es que puedas con este listado, hacerte una idea de cuáles son esas emociones más comunes y de una vez te obligues a buscar lo que la causa. Algunas de ellas son: tristeza, depresión, melancolía, nostalgia por el pasado, desánimo, despropósito, incertidumbre, indiferencia, apatía, ansiedad, preocupación, intranquilidad, angustia, culpabilidad, condenación, vergüenza, sentirse sucio, estar negativo, pesimista, con deseos de morir, lleno de ira, irritable, enojado, resentido, con amargura, o lleno de temores, temor al divorcio, a quedarse solo, a quedarse sin trabajo, a ser engañado, a no ser tenido en cuenta ni valorado, temor a enfermarse, a caerse, temor a ser rechazado, a no ser reconocido, a que se burlen de mí, a sufrir un accidente, o de pronto emociones que me ponen siempre en el lugar de la víctima, de compararme con otros, de odiar mis cosas, a los demás, emociones de juicio, inseguridad, complejos, timidez, aislamiento, rebeldía, celos, y muchas otras más que tú mismo puedas identificar.
Todo este listado nos debe permitir hacer conciencia de lo que sentimos y con ello, de lo que nos dispara ese tipo de sentimientos y emociones que en la mayoría de los casos, más que hacernos bien, nos, terminan dañándonos más de lo que podemos imaginar. Nuestra espiritualidad nos debe llevar a tener y experimentar una vida más feliz de la mano de Dios, permitiendo que Él sane nuestras emociones y nuestras maneras de responder ante las situaciones límite.
Vamos a orar.
Gracias, Señor, por tu palabra que me trae libertad y por el descanso que trae a mi alma el saber que tú estás interesado en mis emociones y en mis maneras de responder a cada situación difícil o precipitada que vivo. Solo tú conoces lo que pasa por mi mente y mi corazón y hoy decido poner delante de ti mis emociones contrastadas y difíciles que sin ti no puedo controlar ni moderar. Enséñame, Señor, a moderar mi carácter y mis maneras de expresar el amor, la frustración, el descanso, la alegría, el desacuerdo y todo aquello que me puede poner en riesgo de responder mal y de alejarme de ti. Tuyo soy, Señor, y hoy decido sanar mis emociones contigo y descubrir la raíz de todo lo que me pasa para que en tu presencia pueda ser sanado y restaurado, en el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Juan 3-4
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Colosenses 3:5-8 NTV
Así que hagan morir las cosas pecaminosas y terrenales que acechan dentro de ustedes. No tengan nada que ver con la inmoralidad sexual, la impureza, las bajas pasiones y los malos deseos. No sean avaros, pues la persona avara es idólatra porque adora las cosas de este mundo. [6] A causa de esos pecados, viene la furia de Dios. [7] Ustedes solían hacer esas cosas cuando su vida aún formaba parte de este mundo; [8] pero ahora es el momento de eliminar el enojo, la furia, el comportamiento malicioso, la calumnia y el lenguaje sucio.
Si bien es muy difícil hacer un listado completo de todas aquellas cosas que constituyen pecado en nuestras vidas, el listado a continuación nos ayuda a tener una idea de todas aquellas cosas que, si aparecen en nuestras vidas, van a lograr su cometido de apartarnos de Dios y llevarnos directamente al desierto.
Algunas de estas cosas pueden ser: gritar, robar, vengarme, no perdonar, envidiar, mentir, quejarme, compararme, hablar de los demás, murmurar, llegar tarde y salir temprano, incumplir, postergar, excusar, argumentar, inventar, justificar, hacer fraude, hacer pereza, dejar sin terminar las cosas, criticar, tomar, fumar, drogarme, automedicarme, huir de las situaciones, jugar, apostar, prestar a interés, jugar lotería, chance, leer horóscopos, cartas, cigarrillo, cábalas, agüeros, casinos, balotos, escuchar música depresiva, de derrota, infidelidad, venganza, desamor, lujuria, engaño, muerte, desolación, ser materialista, grosero, sucio en el hablar, lujurioso, impuro, acusador, traicionero, contra toda norma, ansioso, soñando despierto, sin rutinas ni disciplinas, con mañas, pornografía, bullicioso, llamando la atención en todo momento, inoportuno, inmaduro cuando de resolver cosas serias se trata, burlón, egocéntrico, desordenado, lleno de luchas con tu apariencia, el placer y las relaciones, te gusta exhibirte o mostrar todo lo que eres, lo que haces y lo que tienes para buscar admiración o llamar la atención o que los demás no te menosprecien.
Si nos damos cuenta, todos estos síntomas son más comunes de lo que nos imaginamos y posiblemente nosotros tengamos algunos de ellos muy presentes, que se vuelven pecados habituales y los normalizamos como si fueran inofensivos y como si no pasara nada con su práctica, y puede ser que todo el tiempo y en muchas ocasiones estemos luchando con ellos, pues bien sabemos que nos producen tristeza, sequedad y un raquitismo espiritual que a leguas se nota, que todos lo ven y que al final nos terminan matando y destruyendo.
Vamos a orar:
“Padre, Tú nos mandas que nos vistamos del Señor Jesucristo y que no le demos lugar a los deseos de la carne: hoy reconozco ante Ti que me he acostumbrado a pecar y hacer una y otra vez lo mismo, sin un verdadero arrepentimiento, justificando mis decisiones y actitudes. En este día me acerco a Ti, Padre Dios, confieso como pecado la mentira, el juicio, el robo, la gritería, la venganza, la lujuria en mis ojos y palabras; confieso la pereza, la indisciplina y mi falta de palabra y todas aquellas cosas que en este listado aún sean parte de mi vida. Te pido perdón por todo pecado que ha afectado mi cuerpo, hoy lo consagro a Ti y lo desato de todo vicio o atadura sexual que esté llevándome al pasado y renuncio en el nombre de Jesús, a todo espíritu de mundanalidad, lujuria, codicia, mentira, inmoralidad y religiosidad. Renuncio a todo espíritu del anticristo que se opone a mi santidad y que me lleva a ser autosuficiente. Declaro, Padre amado, que en Cristo, mis pecados son perdonados y que Tú me has hecho nueva criatura por el poder de la sangre de Jesús. Amén”.
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Lucas 9:23-24 NTV. Entonces dijo a la multitud: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz cada día y seguirme. [24] Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás, pero si entregas tu vida por mi causa, la salvarás.
Yo creo que todos los días tenemos situaciones en las que volvemos a poner nuestra persona en todo su esplendor por encima de los demás y entonces criticamos, murmuramos, nos comparamos, miramos por encima del hombro, mejor dicho, todas aquellas cosas que no nos dejan morir al yo y de las cuales debemos estar super pendientes de tal manera que no volvamos a caer en el mismo precipicio. Eso en términos evangélicos se llama crucificar la carne y en términos comunes y entendibles se llama morir al yo, a mi egoísmo, a mis ínfulas y a todo aquello que no me deja ser la persona que Dios diseñó para que yo fuera.
Por eso dice el verso: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir». Y la verdad es que la causa de todos nuestros conflictos es el egoísmo de nuestra naturaleza humana, pues solo pensamos en nosotros mismos, en mi placer, en mis tiempos, en mis cosas, en mis gustos y en todo ello, mi, mi, mi, mi, mi. Y por eso terminamos tomando decisiones de lo que me parece, según lo que siento, lo que pienso y lo que yo quiero, sin importar la voluntad de Dios, ni lo que Dios dice que debemos hacer.
Todo esto nos lleva a una conclusión: Necesitamos saber cuál es la voluntad de Dios para nuestra vida y definitivamente hacerla, llevarla a la práctica, así nos duela y así eso vaya en contra de nuestro propio egoísmo y terquedad. La ventaja es que Dios siempre nos va a llevar a lo mejor de lo mejor, lleno de pureza y santidad, de tal manera que de manera progresiva entendamos cuál es su voluntad para nuestras vidas y de esta manera podamos morir al yo, como lo dice (Gálatas 2:20 NTV): Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí…
Vamos a orar:
«Padre Santo, me despojo hoy del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos de la carne. Hoy muero a mí mismo, a mi manera de ser y ver la vida, y me someto a tu voluntad, la cual es buena, agradable y perfecta. Declaro en el nombre de Jesús, que nada se puede enseñorear de mí, todo fue destruido en la cruz y ya no tiene poder y autoridad en mi vida. Renuncio y me despojo de toda vanidad de la mente, de todo lo que ha hecho que viva una vida alejada de Dios. Renuncio a apoyarme en mi propia prudencia, a todo derecho como hijo, esposo, hermano, empleado, discípulo, que me lleva a demandar o exigirle a otros que suplan mis necesidades. Renuncio a todo sentimiento, deseo y motivación egoísta y confieso que con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí, y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios quien me amó y se entregó por mí. Renuncio para siempre a toda pasividad que me lleva a no ejercer mi voluntad y decido andar en el Espíritu y vivir en la bendición y libertad que Cristo ya me dio. Declaro que soy templo del Espíritu Santo y por medio de Él, me apropio de la nueva vida, vestido de nuevo hombre creado según Dios, en justicia y santidad. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Levítico 25-27
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Proverbios 28:13 NTV. Los que encubren sus pecados no prosperarán, pero si los confiesan y los abandonan, recibirán misericordia.
Como nos podemos dar cuenta, el mero hecho de no confesar nuestros pecados, trae como consecuencia sequedad, y mucho más allá de ello, nos distancia de la presencia de Dios y de la autoridad para ser sus portavoces, por lo cual no vamos a tener credibilidad alguna. Como lo dice (1 Pedro 3:15-16 NVI), debemos estar preparados para responder a todo el que pida razón de la esperanza que hay en nosotros.
Así mismo, encubrir nuestro pecado impide que tomemos buenas decisiones, pues siempre vamos a estar a expensas de esa culpa que nos inmoviliza y no nos deja avanzar correctamente. Todo esto hace que no tengamos el poder para vencer las tentaciones que se nos presentan, y por eso mismo nos avisa de nuevo que el simple hecho de evitar una situación vergonzosa nos puede librar de muchas tentaciones.
Finalmente, no tendremos libertad para fortalecer amistades profundas, pues si nos damos cuenta, por causa de nuestra imprudencia posiblemente hemos ofendido y roto lo que había comenzado como una amistad verdadera. Por eso necesitamos restituir de manera sistemática a cada persona que hayamos herido o dañado, pues si no lo logramos hacer, las puertas de los cielos se cerrarán y ello impedirá que prospere nuestra alma y nuestra vida en general.
Vamos a orar.
Ayúdame, Señor, a restituir el daño causado. Te pido que me reveles, persona a persona, el daño hecho y, con ello, me des la estrategia y las maneras de restituir, pues restituir quiero completamente y sin escatimar. Límpiame, Señor, a través de la restitución de mi alma y de todos aquellos a quienes necesito compensar, restaurar y restituir. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Levítico 21-24
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