3 Juan 1:2 NVI. Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente.

Si nos ponemos a reflexionar sensatamente sobre el tema de la salud integral, nos damos cuenta que muchas personas en su apariencia física se pueden ver muy bien y aparentar tener todo bajo control, cuando por dentro están completamente en caos y conflicto.

Por eso mismo debemos entender que la sanidad no es simplemente estar bien físicamente, sino más bien una sensación integral de estar completos, restablecidos, realizados, seguros, firmes y estables.

Como lo dice el verso de hoy, la oración de Juan por su amigo Gayo, insistía en que sentía la necesidad de orar por él, para que le fuera bien en todos sus asuntos, y que gozara de buena salud, mientras prosperaba espiritualmente, y encontramos en esta trilogía un entramado perfecto del cómo debe avanzar una persona hacia el equilibrio espiritual integral de su vida.

Por eso, en muchas ocasiones cuando Jesús sanaba decía: “Tu fe te ha salvado”, y la palabra que Jesús usaba para la salvación es la palabra griega “sozo» que significa: ser sanado, ser hecho completo o ser restablecido, así que cuando Jesús decía: “Tu fe te ha salvado” Él estaba diciendo: “tu fe te ha sanado, tu fe te ha hecho completo, tu fe te ha restablecido”.

En otras palabras, Jesús le decía a los enfermos: “tu necesidad no es solamente física sino también mental, emocional y espiritual». Y por eso vemos que algunas personas solo vienen a Jesús buscando solución o sanidad para su necesidad inmediata, o su necesidad visible, y urgente, pero el propósito de Jesús al salvar y acercarnos a su presencia es traer una sanidad integral y una relación estrecha con El.

Por eso, más que verte saludable y bien por fuera, necesitas estar sano por dentro; y para que esto sea una realidad necesitamos preparar el camino, como lo veíamos en el mensaje de ayer (Lucas 3:4-6) Preparar el camino del Señor, allanar todo valle, bajar todo monte y enderezar los caminos torcidos para ver la salvación de Dios”.

Vamos a orar.

Señor mío y Dios mío, solo tú sabes y conoces bien lo que soy por fuera y por dentro. Conoces mi manera de pensar y de compartir con los demás. Sabes cuánto trabajo me cuesta luchar con los deseos y los impulsos de mi corazón, con lo que quiero hacer, con mi voluntad, con mi carácter, con el perdón, con el temor, con la fe, con las apariencias y con mis traumas. Solo tú me puedes traer el equilibrio que necesito para estar sano por dentro y por fuera. Y solo de tu mano, lo puedo lograr. Tuyo soy Señor y dócil quiero ser a tu cuidado y tu dirección. Sáname Señor y haz de mí una persona completamente nueva. En el nombre de Jesús, amén.

Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗Mateo 3 – 4

y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼

Isaías 40:3-4 NTV. ¡Escuchen! Es la voz de alguien que clama: «¡Abran camino a través del desierto para el SEÑOR! ¡Hagan una carretera derecha a través de la tierra baldía para nuestro Dios! [4] Rellenen los valles y allanen los montes y las colinas; enderecen las curvas y suavicen los lugares ásperos.

Cuando se trata de arreglar la vida y hacernos nuevos propósitos, sabemos que necesitamos un proceso en el cual podamos paso a paso, ser restaurados, y hechos nuevos. En este sentido nos damos cuenta que no solo necesitamos restablecer la salud del cuerpo, o la estabilidad de nuestras relaciones o de nuestra economía, sino también que necesitamos recomponer el espíritu y nuestra relación con Dios, de tal manera que de su mano, podamos encontrar el alivio y la estabilidad que necesitamos.

Es necesario como lo dice el verso de hoy, abrir un camino en medio de nuestros desiertos para el Señor, y hacer una carretera derecha a través de la cual le permitamos entrar en nuestras vidas y restaurar toda ruina de depresión, desesperación, desesperanza, y soledad, para que sean rellenados con su presencia y además de eso, permitirle entrar para que con su amor y su dirección podamos abatir tanto orgullo, arrogancia, obstinación, terquedad, insatisfacción y rebeldía, de tal manera que estas sean allanadas de una vez por todas y desalojadas completamente de nuestras vidas.

Finalmente necesitamos dejar entrar a Jesús en nuestras vidas, para que nos ayude a enderezar los caminos torcidos en los que nos desviamos de su voluntad, para que sean enderezados y así mismo nos permita renunciar a los hábitos que nos hacen daño y nos apartan de su presencia.

Necesitamos preparar el camino, para que el Señor pueda traer a nuestras vidas total sanidad y libertad y eso solo lo podemos hacer si decidimos tomar su mano y dejarmos guiar. Este es un año para caminar de la mano del Señor, y paso a paso, un paso a la vez, descansar en su presencia y en su perfecta voluntad para nuestras vidas, sanos de ataduras espirituales, de hábitos pecaminosos, de las emociones, de la mente, de nuestra vida sexual, sanos de toda maldición generacional, sanos financieramente, físicamente, sanos en nuestras relaciones y descubriendo el propósito de Dios para nuestras vidas.

Vamos a orar.

Amado Dios, hoy iniciando este nuevo año, te pido que me sanes por dentro y por fuera. Decido preparar un camino para ti en medio de mi desierto y permitir que entres en mi vida y me ayudes a arreglar todo aquello que en mi interior impida que viva en tu perfecta y buena voluntad. Decido caminar contigo y dejarme guiar paso a paso, para encontrar mi sanidad integral y la vida plena que has planeado para mí desde la eternidad. Tuyo soy Señor y ahora mismo me tomo de tu mano, pues a tu lado seguro estoy y solo contigo puedo encontrar la libertad y el descanso para mi vida. Y todo esto te lo pido, agradecido y confiado de que sigues obrando tu perfecta voluntad en mi vida, en el nombre de Jesús, amén.

Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Mateo 1 – 2

y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼

Juan 7:37-38 NVI. En el último día, el más solemne de la fiesta, Jesús se puso de pie y exclamó: —¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba! [38] De aquel que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva.

Hoy, otra vez, es el último día del año y como siempre, tenemos muchos caminos por escoger, pero solo uno que nos puede calmar completamente la sed.

En esta época se utilizaba el agua porque era un símbolo de la bendición divina de la lluvia en abundancia para las cosechas y Jesús utilizó este acontecimiento como una lección gráfica y una oportunidad para hacer una invitación muy pública en el último día de la fiesta para que el pueblo le aceptara como su fuente de agua viva.

Aparecen entonces tres palabras fundamentales como invitación del evangelio: Sed, vengan y beban. Estas tres palabras resumen la invitación del evangelio. Si uno reconoce su necesidad, siente el deseo de acercarse a la fuente de provisión y estará dispuesto a recibir lo que necesita.

¿Y tú? ¿Qué es lo que necesitas? El alma sedienta y necesitada siente con apetencia el impulso de acercarse al Salvador y beberá sin reservas, es decir, recibirá la salvación que Él ofrece.

Todo es una pista para hallarlo a Él, el cambio de año, las nuevas oportunidades, los sueños y los propósitos que nos podamos hacer, no son más que pistas para que por fin hagamos lo más importante en la vida: conocer a Jesús y entregarle completamente nuestra vida a Él.

Vamos a orar.

Señor, yo no sé cuándo será mi último día. Solo sé que hoy puedo escuchar tu voz y tu invitación a seguirte de verdad, con todas mis fuerzas, mi alma, mi mente y mi corazón. Tengo sed de ti Señor, y hoy vengo a ti para beber de tu presencia todo aquello que le hace falta a mi vida. Hoy solo deseo que de mi interior broten ríos de agua viva, esperanza, seguridad, amor, y reposo que solo pueden venir de ti. Tuyo soy. Te entrego mi vida, mi familia, y todo lo que soy y te ruego que este nuevo año que comienza, mi vida esté completamente anclada a ti. En el nombre de Jesús, amén.

Filipenses 3:8 NTV. Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo.

Si decides conocer a Dios, saber quién es y cómo obra en tu vida, vas a descubrir que todo lo que antes llamabas tesoro mío y de nadie más, no es más que polvo, humo, y solo bruma, pues como lo dice el verso, el apóstol Pablo, «todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor».

Y la verdad es que cuando entramos en la bendita palabra de Dios, ese espejo no hace más que mostrarnos nuestra debilidad, nuestro orgullo y las montañas efímeras que podemos hacer de lo que hemos estudiado, conocido o hecho en algún ámbito de la vida.

De algún modo, y de manera sobrenatural, solo Dios trae la convicción que no tenemos y la luz que nos hace falta para mirar lo que antes no podíamos ver. Eso lo hace la palabra de Dios, cuando nos damos a la tarea de estudiarla y asimilarla. Transforma, cambia y paso a paso nos muestra el camino a seguir.

Vamos a orar.

Señor mío y Dios mío, cuánto te necesito en medio de mi oscuridad y soberbia. Tú me conoces y sabes cuánto me falta en mis relaciones y en lo que yo mismo puedo pensar de mí. Enséñame Señor, dame determinación para descubrirte a ti en tu palabra, pues de lo contrario nunca llegaré a conocerte y a encontrar la libertad que necesito para vivir, en el nombre de Jesús, amén.

Jeremías 15:19 NVI. Por eso, así dice el SEÑOR: «Si te arrepientes, yo te restauraré y podrás servirme. Si evitas hablar en vano, y dices palabras valiosas, tú serás mi portavoz. Que ellos se vuelvan hacia ti, pero tú no te vuelvas hacia ellos.

Cuántas cosas nos pasan por tratar de complacer a los demás o de congraciarnos con ellos, en muchas ocasiones sin importar si traicionamos o no lo que nos han enseñado en nuestra casa o si nosotros mismos terminamos entrando a sitios que no debemos entrar y haciendo cosas que si las hacemos a plena luz, nos darían vergüenza.

Por eso en el camino de ser yo mismo, lo primero que necesito hacer es mirarme a la luz de lo que Dios dice que soy y no de lo que las personas dicen que debo ser. Qué tristeza, pero en la mayoría de las ocasiones terminamos como sirvientes de personas que en realidad no nos aman, y solo por conseguir un poquito de amor, sexo, o simplemente amistades que no serán más que pasajeras y triviales.

Por eso el verso de hoy nos dice «Que ellos se vuelvan hacia ti, pero tú no te vuelvas hacia ellos». Y eso resume la voluntad de Dios para nuestras vidas, que podamos más bien brillar su luz en vez de buscar lucecitas intermitentes que a la larga se van a fundir.

Finalmente necesitamos arrepentirnos para que Dios nos restaure y le podamos servir, evitando hablar en vano tanta basura y más bien sacando de nuestra boca y nuestro corazón las palabras más valiosas que den cuenta de nuestra relación con Dios y la relación que tenemos juntos.

Vamos a orar.

Perdóname Señor, me pierdo si no estás tú en mi vida y comienzo a buscar relaciones pasajeras que no hacen más que alejarme de ti en lo que realmente pienso, digo y hago. No quiero negarte Señor ni mucho menos apartarme de ti. Hoy regreso a tu presencia y te pido que me llenes de ti, para ser una persona transparente y verdadera y no simplemente un títere de algo que no quiero ser. Renuévame Señor, solo tú lo puedes hacer, en el nombre de Jesús, amén.

Isaías 50:11 NTV. Pero tengan cuidado, ustedes que viven en su propia luz, y que se calientan en su propia fogata. Esta es la recompensa que recibirán de mí: pronto caerán en gran tormento.

Yo creo que todo el tiempo debemos estar más que atentos, y vigilantes ante tanta provocación, insinuación, moda, pensamiento, corriente, modo de vivir y de existir, pues como lo dice el verso, hay personas que fácilmente caen en el engaño de vivir de su propia luz, o sea de lo que ellos consideran que es la luz y otras personas, creen que es suficiente con calentarse como lo dice el verso, al calor de su propia fogata.

Todo esto resume parte de la condición humana que busca alardear de su inteligencia o de su estabilidad económica, o en algunos casos de lo que han hecho de sus vidas como «nombre», lo cual al final no significa más que destellos pasajeros de luz y llamas que arden por un momento pero que luego pierden la brasa que antes producía una gran hoguera.

Por eso el verso de hoy nos dice «tengan cuidado, ustedes que viven en su propia luz, y que se calientan en su propia fogata», pues «Esta es la recompensa que recibirán de mí: pronto caerán en gran tormento». Y la verdad, creo que esta desolación y tormento es la que queda cuando pretendemos borrar a Dios de nuestras vidas y consideramos arrogantemente hacer de nosotros un dios que de ninguna manera lo es.

¿Y qué tal si estás más vigilante?

Vamos a orar.

Ayúdame Señor en mi incredulidad y mi sobrada manera de verme a mí mismo y a los demás. No quiero la luz que proviene de mí sino la tuya que puede venir y alumbrar mi densa oscuridad. De la misma manera te pido que enciendas la llama de la fe en mi interior, pues de esta manera podré mantener mi llama ardiendo por ti y por tu presencia en mi vida. Y si tengo esto, el resto estará asegurado y mi vida no se hundirá en la desolación y el tormento. Lléname Señor de ti, yo te lo pido, en el nombre de Jesús, amén.

Juan 11:40 NTV. Jesús respondió: -¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios?

Como lo podemos ver en este verso, no hay manera de ver a Dios, ni lo que hace Dios ni cómo habla Dios, ni cómo podemos tener una relación con Él, si no creemos. Es imposible tener lo uno si no se tiene lo fundamental que proviene de la fe; y muchos preguntarán, pero ¿cómo se hace evidente la fe?, ¿cómo la puedo hacer real en mi vida?, pues la Biblia lo responde claramente y nos dice que la fe viene por el oír y el oír la palabra de Dios.

No hay ninguna otra manera de llenarnos de fe, si no es por conocer las buenas nuevas del evangelio de salvación. Jesús mismo nos dice en su palabra, si crees, verás la gloria de Dios, escucharás su voz, tendrás coordenadas de vuelo para la vida, dirección, seguridad, claridad, aceptación, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, humildad, fidelidad y dominio propio y seguramente muchos más atributos espirituales que te permitirán experimentar claramente la gloria de Dios.

Ahora bien, la pregunta de siempre y la más fundamental en este asunto ¿qué tal si decides creer? Y buscas afinar el oído, el entendimiento, tu vida y todo tu ser con la palabra de Dios?

Vamos a orar.

Señor mío y Dios mío, solo tú me conoces y me examinas, sabes cuando me siento y cuando me levanto, aún a la distancia me lees el pensamiento y conoces mis vacíos, mi falta de fe y mi incredulidad. También sabes Señor que mi falta de fe se traduce en que no te conozco y por eso decido conocerte más y recibir de ti la guía y la dirección que necesito en tu bendita palabra, enséñame Señor y hazme dócil a ti en el nombre de Jesús. Amén.

1 Samuel 2:3 NVI. »Dejen de hablar con tanto orgullo y altivez; ¡no profieran palabras soberbias! El SEÑOR es un Dios que todo lo sabe, y él es quien juzga las acciones.

El despojo es algo que debemos practicar a diario, o al menos yo, por mi parte, experimento que cada día exige despojarme de algo, posiblemente y creo yo, con más seguridad, de todo aquello que no podemos ver y que como lo dice el verso, nos hace actuar, pensar y hablar con tanto orgullo y altivez.

Claramente los días nos advierten situaciones en las que proferir palabras soberbias es más fácil de lo que pensamos, y es precisamente en esos momentos cuando necesitamos voluntariamente renunciar a tanto ímpetu y soberbia, y más bien hacer conciencia de que hay un Dios que todo lo sabe y ni siquiera lo secreto le podemos ocultar.

¿Qué tal si te despojas?

Solo Dios juzga las intenciones y los pensamientos del corazón como lo dice Hebreos 4:12 y en esa conciencia que podamos tener de lo que Dios sabe, deberíamos como lo dice el verso tratar de ponerle freno a tanto orgullo y altivez que se cuela en nuestro corazón al proferir palabras soberbias.

Vamos a orar.

Perdóname Señor tanta arrogancia, orgullo y altivez que sale de mí; y si sale de mí, es porque lo llevo dentro. Así que te pido Señor, en el nombre de Jesús, que me ayudes a despojarme de todo eso que habita en mi interior y me permitas con humildad reconocer que tú eres Dios y que todo lo sabes y que nada te puedo argumentar ni esconder. ¿Quién puede contender contigo Señor? Tú que todo lo sabes y todo lo puedes, ayúdame en mi poca fe y en mi obstinada terquedad. Quiero despojarme Señor de todo aquello que me impide verte y reconocerte y hoy decido hacerlo, confiado en ti y en tu perfecta voluntad para mi vida. En el nombre de Jesús, amén.

Lamentaciones 3:55-57 NVI. Desde lo más profundo de la fosa invoqué, SEÑOR, tu nombre, [56] y tú escuchaste mi plegaria: «No cierres tus oídos a mi clamor de alivio». [57] Te invoqué, y viniste a mí; «No temas», me dijiste.

Como nos podemos dar cuenta, todos los personajes bíblicos que tuvieron un encuentro con Dios o con sus ángeles experimentaron en algún momento de sus vidas temor. Y así nos podemos dar cuenta que el temor es mucho más común de lo que nos imaginamos.

Por otro lado, también nos podemos dar cuenta que cuando esto sucedió en ellos, todos recibieron de parte de Dios, la misma respuesta, «No tengas miedo» y tan pronto se daban cuenta de que Dios los aceptaba y conocía sus inseguridades y todos los detalles de lo que les estaba pasando, su temor desaparecía, pues Dios les permitía ser sus amigos y reconocer en la confianza de una relación la mutualidad que solo viene de tener una relación total con el Salvador.

Hoy Dios hace lo mismo con usted en medio de las situaciones que en nuestras fuerzas no se pueden resolver y más bien sí, nos trae la convicción y la seguridad de que estamos en su plan de vida para nosotros que es bueno, perfecto y agradable. Tal vez esa situación por la que pasamos en este momento, es lo que necesitamos para cambiar y para acercarnos más a Jesús y reconocer que sin Él nada podemos hacer ni vivir.

Vamos a orar.

Amado Dios, yo te entrego todo temor y te pido que me enseñes el propósito que tienes para mi vida detrás de esta situación que vivo. Gracias por escuchar mi oración Señor y por permitirme descansar en tu perfecta voluntad para mi vida. Hoy una vez más te reconozco como mi Señor y mi Salvador, en el nombre de Jesús, amén.

Lucas 2:10-20 NVI. Pero el ángel dijo: «No tengan miedo. Miren que traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo.

En este relato de Lucas, sobre el nacimiento de Jesús, nos podemos dar cuenta que este ángel tiene un gran protagonismo, pues llega y le habla a los pastores que estaban en ese lugar y les dice ««No tengan miedo. Miren que traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo» [11] Hoy ha nacido en la Ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor. [12] Y esto les servirá de señal: Encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». [13] De repente apareció una multitud de ángeles del cielo, que alababan a Dios y decían: [14] «Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad».

Qué dicha que en este día, nosotros pudiéramos escuchar la voz de este ángel y por fin descansar en esas buenas noticias, que son el verdadero motivo de alegría para toda nuestra familia y para cada uno de nosotros en particular.

Y esas buenas noticias, como lo dice el ángel, vienen llenas de la seguridad que solo Jesús nos puede traer, pues así lo dice el verso, «No tengan miedo». Y si esta palabra se hace realidad en nuestras vidas, al recibir a Jesús como nuestro Señor y Salvador, todo temor y toda culpa desaparecerán y vendrán a morar en nosotros su paz y su reposo.

Vamos a orar.

Amado Dios, hoy recibo de ti tu paz y tu reposo, pues sé que mi vida está en tus manos y que vivo tu perfecta voluntad para mi vida. Decido creer tu palabra y abandonar todo temor a la muerte, a la enfermedad, a la soledad, al caos y la inseguridad, y más bien recibir tu bendita y perfecta paz para mi vida. Te recibo hoy de nuevo en mi corazón y te pido en el nombre de Jesús que no me aparte nunca de tu presencia. Amén.

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