Mateo 6:12 NTV. Y perdónanos nuestros pecados, así como hemos perdonado a los que pecan contra nosotros.
Una parte fundamental de nuestro estilo de vida debe ser el de hacer conciencia de nuestros pecados y de nuestras faltas, pues la confesión es el primer paso para la redención y el perdón. Es necesario que hagamos de la confesión un hábito y diariamente decirle a Dios: «Señor, perdona mis ofensas, mis pensamientos, mis maneras equivocadas de juzgar y de sentir, mi egoísmo, mi rabia, mi frustración, mi envidia, mi pereza, mi mordacidad y todo aquello que me aparta de ti y de amar a los demás como tú quieres que lo haga».
Como lo dice el verso del Padre Nuestro, escrito en el libro de Mateo, como un modelo de oración y rendición a Dios (Mateo 6:12 NTV): «Perdónanos nuestros pecados, así como hemos perdonado a los que pecan contra nosotros». Debemos acercarnos a Dios y rendir cuentas diarias.
Este verso siempre me ha puesto frente al banquillo de la coherencia, pues me hace preguntar si en realidad perdono a quienes me han ofendido y si realmente lo hago a diario para no dejar que el corazón se me nuble y envenene por culpa del resentimiento y la falta de perdón.
Como lo podemos ver, esta es la condición primera para recibir el perdón de Dios: haber perdonado primero a nuestros deudores y a quienes han hecho algo en contra nuestra.
Todos los días necesitamos detenernos con Dios y evaluar lo que hemos hecho, de tal manera que podamos reconocer los pecados en contra de Dios y de otros y de esta manera no dar cabida al diablo y, más bien, disfrutar de la dicha de una vida libre de culpa y condenación.
Vamos a orar.
Amado Dios, cuánto te necesito y quiero en mi vida, pues solo tú sabes cómo me cuesta trabajo perdonar y la verdad es que eso es lo que quiero cada día: perdonar y perdonar sin que me cueste trabajo hacerlo. Enséñame, Señor, a resistir la tentación de juzgar y condenar a quienes me ofenden y permíteme despojarme de todo orgullo y de todo dolor o resentimiento que me lo impida. Decido perdonar para recibir tu perdón y más bien estar alerta de toda provocación que quiera venir a apartarme de tu bendita presencia. Y todo esto te lo pido, en el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Éxodo 33 – 36
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Tu Tiempo con el Número Uno. 6ª temporada, 13 de Febrero. Lo confieso?
Podcast: Reproducir en una nueva ventana | Descargar
Suscríbete: Apple Podcasts | Spotify | Correo electrónico | YouTube Music | RSS
Mateo 6:12 NTV. Y perdónanos nuestros pecados, así como hemos perdonado a los que pecan contra nosotros.
Una parte fundamental de nuestro estilo de vida debe ser el de hacer conciencia de nuestros pecados y de nuestras faltas, pues la confesión es el primer paso para la redención y el perdón. Es necesario que hagamos de la confesión un hábito y diariamente decirle a Dios: «Señor, perdona mis ofensas, mis pensamientos, mis maneras equivocadas de juzgar y de sentir, mi egoísmo, mi rabia, mi frustración, mi envidia, mi pereza, mi mordacidad y todo aquello que me aparta de ti y de amar a los demás como tú quieres que lo haga».
Como lo dice el verso del Padre Nuestro, escrito en el libro de Mateo, como un modelo de oración y rendición a Dios (Mateo 6:12 NTV): «Perdónanos nuestros pecados, así como hemos perdonado a los que pecan contra nosotros». Debemos acercarnos a Dios y rendir cuentas diarias.
Este verso siempre me ha puesto frente al banquillo de la coherencia, pues me hace preguntar si en realidad perdono a quienes me han ofendido y si realmente lo hago a diario para no dejar que el corazón se me nuble y envenene por culpa del resentimiento y la falta de perdón.
Como lo podemos ver, esta es la condición primera para recibir el perdón de Dios: haber perdonado primero a nuestros deudores y a quienes han hecho algo en contra nuestra.
Todos los días necesitamos detenernos con Dios y evaluar lo que hemos hecho, de tal manera que podamos reconocer los pecados en contra de Dios y de otros y de esta manera no dar cabida al diablo y, más bien, disfrutar de la dicha de una vida libre de culpa y condenación.
Vamos a orar.
Amado Dios, cuánto te necesito y quiero en mi vida, pues solo tú sabes cómo me cuesta trabajo perdonar y la verdad es que eso es lo que quiero cada día: perdonar y perdonar sin que me cueste trabajo hacerlo. Enséñame, Señor, a resistir la tentación de juzgar y condenar a quienes me ofenden y permíteme despojarme de todo orgullo y de todo dolor o resentimiento que me lo impida. Decido perdonar para recibir tu perdón y más bien estar alerta de toda provocación que quiera venir a apartarme de tu bendita presencia. Y todo esto te lo pido, en el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Éxodo 33 – 36
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
MIguel Montes