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Salmos 127:3 NTV: «Los hijos son un regalo del SEÑOR; son una recompensa de su parte».
Qué bueno aprender cómo lo dice este verso de hoy, a amar tanto a nuestros hijos, de tal manera que veamos que cada cosa buena que a ellos les pasa, signifique un éxito y una alegría también para los padres.
Creo que hoy en día, una de las características de muchos padres es la de competir con los hijos o, en algunos casos, la de menospreciar lo que ellos puedan hacer; y tristemente, eso moldea un vacío muy fuerte en los corazones de los hijos, que más bien prefieren callar y ocultar lo que les pasa, de tal manera que eso no sea un motivo de discordia o pelea con sus propios padres. Termina uno escuchando a los hijos diciendo: «Ach, mejor no digo nada ni cuento nada, porque si eso va a ser para que mi papá se ponga a pelear, mejor no»; y tristemente, esa es la realidad de muchos hogares.
Finalmente, el verso nos enseña que debemos ver a los hijos como el mejor regalo que nos ha dado Dios, y para que lo disfrutemos impresionantemente, cada logro, cada viaje, cada realización y experiencia hermosa que puedan vivir, y cada momento de sus vidas, que se vuelva para nosotros una dicha mayor, pues son nuestros hijos.
Vamos a orar:
Amado Dios, gracias por mis hijos, pues sabes que si ellos están bien, todo para mí va a estar mucho mejor. Gracias por amarlos como lo haces y por darles lo mejor, que es tu presencia y tu gran amor. Tuyos son, Señor, y te doy gracias por llenarme de dicha con cada una de las cosas que ellos pueden lograr y hacer. Hoy los bendigo y les deseo lo mejor para toda la vida, en el nombre de Jesús, amén.
Tu Tiempo con el Número Uno. 4ª Temporada, 11 de noviembre. Los hijos
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Salmos 127:3 NTV: «Los hijos son un regalo del SEÑOR; son una recompensa de su parte».
Qué bueno aprender cómo lo dice este verso de hoy, a amar tanto a nuestros hijos, de tal manera que veamos que cada cosa buena que a ellos les pasa, signifique un éxito y una alegría también para los padres.
Creo que hoy en día, una de las características de muchos padres es la de competir con los hijos o, en algunos casos, la de menospreciar lo que ellos puedan hacer; y tristemente, eso moldea un vacío muy fuerte en los corazones de los hijos, que más bien prefieren callar y ocultar lo que les pasa, de tal manera que eso no sea un motivo de discordia o pelea con sus propios padres. Termina uno escuchando a los hijos diciendo: «Ach, mejor no digo nada ni cuento nada, porque si eso va a ser para que mi papá se ponga a pelear, mejor no»; y tristemente, esa es la realidad de muchos hogares.
Finalmente, el verso nos enseña que debemos ver a los hijos como el mejor regalo que nos ha dado Dios, y para que lo disfrutemos impresionantemente, cada logro, cada viaje, cada realización y experiencia hermosa que puedan vivir, y cada momento de sus vidas, que se vuelva para nosotros una dicha mayor, pues son nuestros hijos.
Vamos a orar:
Amado Dios, gracias por mis hijos, pues sabes que si ellos están bien, todo para mí va a estar mucho mejor. Gracias por amarlos como lo haces y por darles lo mejor, que es tu presencia y tu gran amor. Tuyos son, Señor, y te doy gracias por llenarme de dicha con cada una de las cosas que ellos pueden lograr y hacer. Hoy los bendigo y les deseo lo mejor para toda la vida, en el nombre de Jesús, amén.
MIguel Montes