Filipenses 2:5-6 NVI. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, [6] quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.
A diferencia de Jesús, creo que nosotros todo el tiempo estamos aferrados a un montón de cosas que en vez de hacernos libres nos hacen esclavos de nuestro propio egoísmo y de nuestros múltiples reclamos. Nos sentimos heridos cuando sentimos que nuestros derechos son transgredidos y creo yo que en la mayoría de los casos exigimos cosas que no necesitamos exigir ni pedir, lo cual demuestra que no estamos dispuestos a morir como lo hizo Jesús, pues nos dejamos ganar del orgullo y más bien nos sentimos enojados, amargados, rechazados, resentidos o deprimidos con alguien.
Por eso, para evitar esos sentimientos es necesario que diariamente hagamos un proceso de perdón y despojo, para que así, nuestro corazón sea protegido de cualquier herida y podamos vivir de acuerdo a lo que Dios desea para nosotros.
Necesitamos hacer conciencia de cuánto reclamamos a los demás algo que en realidad no deberíamos pedir, más atención, más favoritismos, que nos miren, que nos reconozcan, que nos feliciten, que nos recuerden, que nos atiendan, que nos llamen, que nos correspondan, que nos dejen ver que somos importantes, que nos amen, que nos agradezcan, que nos hagan sentir especiales, o que nos vean, y en este listado todos los que se te vengan a la memoria que te recuerden situaciones en las que has pedido atención y un trato especial, cuando en realidad, como lo dice Jesús, no nos debemos aferrar a nada de esas cosas, pues nuestro valor está en lo que el Señor ya nos ha dado por el mero hecho de existir y de ser sus hijos.
Yo creo que cuando nos dejamos de mirar a nosotros mismos y dejamos de reclamar tanto, en ese momento verdaderamente comenzamos a dar, sin importar lo que los demás nos puedan dar o el provecho que podamos sacar.
Vamos a orar.
Perdóname, Señor, pues no había dimensionado lo que hay detrás de tanto reclamo: inseguridad, falsas motivaciones, vacío, falta de ti, de saciarme con lo que me das y con lo que me permites ser y hacer. Finalmente, todo lo bueno que tengo proviene de ti y todo lo que puedo dar eres tú quien me lo provee para darlo, pues solito y sin tu favor nada tengo y nada puedo compartir con los demás.
Hoy decido dejar de pedir y de reclamar algo, pues la verdad no tengo nada a que aferrarme más que a tu bendita presencia. Tuyo soy, Señor, enséñame a vivir más libre sin aferrarme a nada de lo que tengo ni mucho menos a nada de lo que soy. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Deuteronomio 17-20
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Tu Tiempo con el Número Uno. 6ª temporada, 6 de Abril. Necesitas morir a tanto reclamo.
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Filipenses 2:5-6 NVI. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, [6] quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.
A diferencia de Jesús, creo que nosotros todo el tiempo estamos aferrados a un montón de cosas que en vez de hacernos libres nos hacen esclavos de nuestro propio egoísmo y de nuestros múltiples reclamos. Nos sentimos heridos cuando sentimos que nuestros derechos son transgredidos y creo yo que en la mayoría de los casos exigimos cosas que no necesitamos exigir ni pedir, lo cual demuestra que no estamos dispuestos a morir como lo hizo Jesús, pues nos dejamos ganar del orgullo y más bien nos sentimos enojados, amargados, rechazados, resentidos o deprimidos con alguien.
Por eso, para evitar esos sentimientos es necesario que diariamente hagamos un proceso de perdón y despojo, para que así, nuestro corazón sea protegido de cualquier herida y podamos vivir de acuerdo a lo que Dios desea para nosotros.
Necesitamos hacer conciencia de cuánto reclamamos a los demás algo que en realidad no deberíamos pedir, más atención, más favoritismos, que nos miren, que nos reconozcan, que nos feliciten, que nos recuerden, que nos atiendan, que nos llamen, que nos correspondan, que nos dejen ver que somos importantes, que nos amen, que nos agradezcan, que nos hagan sentir especiales, o que nos vean, y en este listado todos los que se te vengan a la memoria que te recuerden situaciones en las que has pedido atención y un trato especial, cuando en realidad, como lo dice Jesús, no nos debemos aferrar a nada de esas cosas, pues nuestro valor está en lo que el Señor ya nos ha dado por el mero hecho de existir y de ser sus hijos.
Yo creo que cuando nos dejamos de mirar a nosotros mismos y dejamos de reclamar tanto, en ese momento verdaderamente comenzamos a dar, sin importar lo que los demás nos puedan dar o el provecho que podamos sacar.
Vamos a orar.
Perdóname, Señor, pues no había dimensionado lo que hay detrás de tanto reclamo: inseguridad, falsas motivaciones, vacío, falta de ti, de saciarme con lo que me das y con lo que me permites ser y hacer. Finalmente, todo lo bueno que tengo proviene de ti y todo lo que puedo dar eres tú quien me lo provee para darlo, pues solito y sin tu favor nada tengo y nada puedo compartir con los demás.
Hoy decido dejar de pedir y de reclamar algo, pues la verdad no tengo nada a que aferrarme más que a tu bendita presencia. Tuyo soy, Señor, enséñame a vivir más libre sin aferrarme a nada de lo que tengo ni mucho menos a nada de lo que soy. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Deuteronomio 17-20
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
MIguel Montes