Lucas 9:23-24 NTV. Entonces dijo a la multitud: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz cada día y seguirme. [24] Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás, pero si entregas tu vida por mi causa, la salvarás.
Yo creo que todos los días tenemos situaciones en las que volvemos a poner nuestra persona en todo su esplendor por encima de los demás y entonces criticamos, murmuramos, nos comparamos, miramos por encima del hombro, mejor dicho, todas aquellas cosas que no nos dejan morir al yo y de las cuales debemos estar super pendientes de tal manera que no volvamos a caer en el mismo precipicio. Eso en términos evangélicos se llama crucificar la carne y en términos comunes y entendibles se llama morir al yo, a mi egoísmo, a mis ínfulas y a todo aquello que no me deja ser la persona que Dios diseñó para que yo fuera.
Por eso dice el verso: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir». Y la verdad es que la causa de todos nuestros conflictos es el egoísmo de nuestra naturaleza humana, pues solo pensamos en nosotros mismos, en mi placer, en mis tiempos, en mis cosas, en mis gustos y en todo ello, mi, mi, mi, mi, mi. Y por eso terminamos tomando decisiones de lo que me parece, según lo que siento, lo que pienso y lo que yo quiero, sin importar la voluntad de Dios, ni lo que Dios dice que debemos hacer.
Todo esto nos lleva a una conclusión: Necesitamos saber cuál es la voluntad de Dios para nuestra vida y definitivamente hacerla, llevarla a la práctica, así nos duela y así eso vaya en contra de nuestro propio egoísmo y terquedad. La ventaja es que Dios siempre nos va a llevar a lo mejor de lo mejor, lleno de pureza y santidad, de tal manera que de manera progresiva entendamos cuál es su voluntad para nuestras vidas y de esta manera podamos morir al yo, como lo dice (Gálatas 2:20 NTV): Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí…
Vamos a orar:
«Padre Santo, me despojo hoy del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos de la carne. Hoy muero a mí mismo, a mi manera de ser y ver la vida, y me someto a tu voluntad, la cual es buena, agradable y perfecta. Declaro en el nombre de Jesús, que nada se puede enseñorear de mí, todo fue destruido en la cruz y ya no tiene poder y autoridad en mi vida. Renuncio y me despojo de toda vanidad de la mente, de todo lo que ha hecho que viva una vida alejada de Dios. Renuncio a apoyarme en mi propia prudencia, a todo derecho como hijo, esposo, hermano, empleado, discípulo, que me lleva a demandar o exigirle a otros que suplan mis necesidades. Renuncio a todo sentimiento, deseo y motivación egoísta y confieso que con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí, y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios quien me amó y se entregó por mí. Renuncio para siempre a toda pasividad que me lleva a no ejercer mi voluntad y decido andar en el Espíritu y vivir en la bendición y libertad que Cristo ya me dio. Declaro que soy templo del Espíritu Santo y por medio de Él, me apropio de la nueva vida, vestido de nuevo hombre creado según Dios, en justicia y santidad. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Levítico 25-27
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Tu Tiempo con el Número Uno. 6ª temporada, 4 de Marzo. Hay que morir al yo.
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Lucas 9:23-24 NTV. Entonces dijo a la multitud: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz cada día y seguirme. [24] Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás, pero si entregas tu vida por mi causa, la salvarás.
Yo creo que todos los días tenemos situaciones en las que volvemos a poner nuestra persona en todo su esplendor por encima de los demás y entonces criticamos, murmuramos, nos comparamos, miramos por encima del hombro, mejor dicho, todas aquellas cosas que no nos dejan morir al yo y de las cuales debemos estar super pendientes de tal manera que no volvamos a caer en el mismo precipicio. Eso en términos evangélicos se llama crucificar la carne y en términos comunes y entendibles se llama morir al yo, a mi egoísmo, a mis ínfulas y a todo aquello que no me deja ser la persona que Dios diseñó para que yo fuera.
Por eso dice el verso: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir». Y la verdad es que la causa de todos nuestros conflictos es el egoísmo de nuestra naturaleza humana, pues solo pensamos en nosotros mismos, en mi placer, en mis tiempos, en mis cosas, en mis gustos y en todo ello, mi, mi, mi, mi, mi. Y por eso terminamos tomando decisiones de lo que me parece, según lo que siento, lo que pienso y lo que yo quiero, sin importar la voluntad de Dios, ni lo que Dios dice que debemos hacer.
Todo esto nos lleva a una conclusión: Necesitamos saber cuál es la voluntad de Dios para nuestra vida y definitivamente hacerla, llevarla a la práctica, así nos duela y así eso vaya en contra de nuestro propio egoísmo y terquedad. La ventaja es que Dios siempre nos va a llevar a lo mejor de lo mejor, lleno de pureza y santidad, de tal manera que de manera progresiva entendamos cuál es su voluntad para nuestras vidas y de esta manera podamos morir al yo, como lo dice (Gálatas 2:20 NTV): Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí…
Vamos a orar:
«Padre Santo, me despojo hoy del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos de la carne. Hoy muero a mí mismo, a mi manera de ser y ver la vida, y me someto a tu voluntad, la cual es buena, agradable y perfecta. Declaro en el nombre de Jesús, que nada se puede enseñorear de mí, todo fue destruido en la cruz y ya no tiene poder y autoridad en mi vida. Renuncio y me despojo de toda vanidad de la mente, de todo lo que ha hecho que viva una vida alejada de Dios. Renuncio a apoyarme en mi propia prudencia, a todo derecho como hijo, esposo, hermano, empleado, discípulo, que me lleva a demandar o exigirle a otros que suplan mis necesidades. Renuncio a todo sentimiento, deseo y motivación egoísta y confieso que con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí, y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios quien me amó y se entregó por mí. Renuncio para siempre a toda pasividad que me lleva a no ejercer mi voluntad y decido andar en el Espíritu y vivir en la bendición y libertad que Cristo ya me dio. Declaro que soy templo del Espíritu Santo y por medio de Él, me apropio de la nueva vida, vestido de nuevo hombre creado según Dios, en justicia y santidad. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Levítico 25-27
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
MIguel Montes