Números 5:6-7 NTV. «Da al pueblo de Israel las siguientes instrucciones: si alguien del pueblo -sea hombre o mujer- traiciona al SEÑOR al hacerle mal a otra persona, esta persona es culpable. [7] Deberá confesar su pecado, restituir completamente el daño hecho más un veinte por ciento adicional y darlo a la persona que perjudicó.
En la tarea de restituir a alguien a quien le hemos causado un dolor o una frustración o a quien hemos herido, implica en primer lugar hacer un listado de los nombres de todas aquellas personas a las que necesitamos restituir. Así mismo, en segundo lugar debemos evitar menospreciar la ofensa, diciendo cosas como «no fue tan duro», «en ese tiempo fue algo muy insignificante» o cosas por el estilo, pues si de restituir se trata, debemos hacerlo más que bien, con lujo de detalles.
En tercer lugar, no podemos escatimar gastos para restituir y mucho menos aplazar y aplazar. Así mismo, necesitamos identificar la gravedad de la ofensa, poniéndonos en los zapatos de esa persona a la que le hicimos daño, pues lo que nosotros podemos ver como apenas una paja, para el otro puede significar una gran viga.
Finalmente, necesitamos hacerlo directamente y poner la cara sin recurrir a intermediarios y, para terminar, podemos pensar bien qué vamos a decir, de tal manera que nuestras palabras sean una gran parte de esa restitución que queremos ofrecer y entregar, sin orgullo, ni soberbia, ni mucho menos ironía, sino más bien con entereza de carácter, amor, arrepentimiento y ternura.
Una palabra bien intencionada que diga «perdón, me equivoqué; perdón, te hice daño», será más que suficiente, sin mencionar detalles que vuelvan a revivir el dolor o la ofensa, ni mucho menos sin que sea un sermón, pues el propósito de esa restitución es, como su nombre lo indica, volver a dejar como nuevo, restaurar, restituir, volver a alegrar un corazón que había quedado triste y desolado.
Vamos a orar.
Gracias, Señor, por enseñarme algunas maneras en que puedo restituir y resarcir en algo mi pecado, mis maneras de hacer daño y mis ofensas. Hoy decido con determinación restituir a todas aquellas personas a las que he herido y dañado. Tuyo soy, Señor, y quiero entender que en la medida en que yo pueda restituir, así mismo mi corazón, mi vida y todo mi ser, también restituido será. Y todo esto te lo pido, en el nombre de Jesús. Amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Levítico 17-20
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Tu Tiempo con el Número Uno. 6ª temporada, 2 de Marzo. Cómo puedo restituir.
Podcast: Reproducir en una nueva ventana | Descargar
Suscríbete: Apple Podcasts | Spotify | Correo electrónico | YouTube Music | RSS
Números 5:6-7 NTV. «Da al pueblo de Israel las siguientes instrucciones: si alguien del pueblo -sea hombre o mujer- traiciona al SEÑOR al hacerle mal a otra persona, esta persona es culpable. [7] Deberá confesar su pecado, restituir completamente el daño hecho más un veinte por ciento adicional y darlo a la persona que perjudicó.
En la tarea de restituir a alguien a quien le hemos causado un dolor o una frustración o a quien hemos herido, implica en primer lugar hacer un listado de los nombres de todas aquellas personas a las que necesitamos restituir. Así mismo, en segundo lugar debemos evitar menospreciar la ofensa, diciendo cosas como «no fue tan duro», «en ese tiempo fue algo muy insignificante» o cosas por el estilo, pues si de restituir se trata, debemos hacerlo más que bien, con lujo de detalles.
En tercer lugar, no podemos escatimar gastos para restituir y mucho menos aplazar y aplazar. Así mismo, necesitamos identificar la gravedad de la ofensa, poniéndonos en los zapatos de esa persona a la que le hicimos daño, pues lo que nosotros podemos ver como apenas una paja, para el otro puede significar una gran viga.
Finalmente, necesitamos hacerlo directamente y poner la cara sin recurrir a intermediarios y, para terminar, podemos pensar bien qué vamos a decir, de tal manera que nuestras palabras sean una gran parte de esa restitución que queremos ofrecer y entregar, sin orgullo, ni soberbia, ni mucho menos ironía, sino más bien con entereza de carácter, amor, arrepentimiento y ternura.
Una palabra bien intencionada que diga «perdón, me equivoqué; perdón, te hice daño», será más que suficiente, sin mencionar detalles que vuelvan a revivir el dolor o la ofensa, ni mucho menos sin que sea un sermón, pues el propósito de esa restitución es, como su nombre lo indica, volver a dejar como nuevo, restaurar, restituir, volver a alegrar un corazón que había quedado triste y desolado.
Vamos a orar.
Gracias, Señor, por enseñarme algunas maneras en que puedo restituir y resarcir en algo mi pecado, mis maneras de hacer daño y mis ofensas. Hoy decido con determinación restituir a todas aquellas personas a las que he herido y dañado. Tuyo soy, Señor, y quiero entender que en la medida en que yo pueda restituir, así mismo mi corazón, mi vida y todo mi ser, también restituido será. Y todo esto te lo pido, en el nombre de Jesús. Amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Levítico 17-20
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
MIguel Montes