Filipenses 2:3 NTV. No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes.
El orgullo lo podemos considerar como una actitud completamente contraria a la humildad, y cuando esto sucede terminamos creyendo que somos mucho más de lo que somos, y sobrevalorando lo que somos, tenemos y hacemos.
El orgullo normalmente viene y nos susurra al oído: «No necesitas a nadie», «Tú lo puedes hacer solo», «¿Para qué después digan que fueron ellos y no tú?», no, no, no, no, no, mejor lo hago solo, cueste lo que me cueste.
Además de ello, el orgullo siempre nos va a obligar a ver a los demás como incompetentes, incapaces, pusilánimes, indignos de hacer las cosas conmigo, y además de ello nos va a resaltar todas las faltas de los demás: cómo se equivocan, cómo se demoran, cómo les cuesta hacer todo lo que a mí mismo me parece simple. Y todo eso no nos permite ver nuestra propia realidad (Mateo 7:3), que en ocasiones puede ser peor que la de quienes señalamos con tanta dureza.
Por eso el verso de hoy nos dice claramente (Filipenses 2:3 NTV): «No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes». Y es que el orgullo nos hace creer perfectos, y con ínfulas de criticar a todo el mundo, y nos impide aprender o disponernos para decir: «No lo sé, ¿me explicas?», «Tú tienes la razón», y con todo ello, terminamos diciendo que no necesitamos a Dios y queriendo ocupar el lugar que solo le corresponde a Él en su bendita perfección.
Vamos a orar.
Amado Dios, perdóname por mi egoísmo y mis maneras de tratar de impresionar a los demás o de ufanarme por algo que no soy. Hoy reconozco mi falta de humildad que se quiere esconder y camuflar de las maneras más mentirosas e hipócritas que solo tú puedes descifrar en mí y mis maneras de hablar y de compartir con los demás. Hoy te pido que me enseñes a ver a los demás como dignos de honra, atención, respeto, cuidado y protección, de tal manera que no me atreva a juzgarlos ni a criticarlos de la manera como tú sabes que lo puedo hacer. Hoy decido volver a ti y renunciar a todo orgullo en mí, pues solo tú me puedes ayudar a lograrlo. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️📗 Éxodo 37 – 40
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
Tu Tiempo con el Número Uno. 6ª temporada, 14 de Febrero. No sean egoístas. Orgullo nivel 1.
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Filipenses 2:3 NTV. No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes.
El orgullo lo podemos considerar como una actitud completamente contraria a la humildad, y cuando esto sucede terminamos creyendo que somos mucho más de lo que somos, y sobrevalorando lo que somos, tenemos y hacemos.
El orgullo normalmente viene y nos susurra al oído: «No necesitas a nadie», «Tú lo puedes hacer solo», «¿Para qué después digan que fueron ellos y no tú?», no, no, no, no, no, mejor lo hago solo, cueste lo que me cueste.
Además de ello, el orgullo siempre nos va a obligar a ver a los demás como incompetentes, incapaces, pusilánimes, indignos de hacer las cosas conmigo, y además de ello nos va a resaltar todas las faltas de los demás: cómo se equivocan, cómo se demoran, cómo les cuesta hacer todo lo que a mí mismo me parece simple. Y todo eso no nos permite ver nuestra propia realidad (Mateo 7:3), que en ocasiones puede ser peor que la de quienes señalamos con tanta dureza.
Por eso el verso de hoy nos dice claramente (Filipenses 2:3 NTV): «No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes». Y es que el orgullo nos hace creer perfectos, y con ínfulas de criticar a todo el mundo, y nos impide aprender o disponernos para decir: «No lo sé, ¿me explicas?», «Tú tienes la razón», y con todo ello, terminamos diciendo que no necesitamos a Dios y queriendo ocupar el lugar que solo le corresponde a Él en su bendita perfección.
Vamos a orar.
Amado Dios, perdóname por mi egoísmo y mis maneras de tratar de impresionar a los demás o de ufanarme por algo que no soy. Hoy reconozco mi falta de humildad que se quiere esconder y camuflar de las maneras más mentirosas e hipócritas que solo tú puedes descifrar en mí y mis maneras de hablar y de compartir con los demás. Hoy te pido que me enseñes a ver a los demás como dignos de honra, atención, respeto, cuidado y protección, de tal manera que no me atreva a juzgarlos ni a criticarlos de la manera como tú sabes que lo puedo hacer. Hoy decido volver a ti y renunciar a todo orgullo en mí, pues solo tú me puedes ayudar a lograrlo. En el nombre de Jesús, amén.
Para que leas la Biblia en este año, hoy; en tu Café con Dios ☕️ 📗 Éxodo 37 – 40
y Para que llenes tu vida de gratitud en su presencia, puedes animarte a cantar una alabanza para Dios 🎼
MIguel Montes