Podcast: Reproducir en una nueva ventana | Descargar
Suscríbete: Apple Podcasts | Spotify | Correo electrónico | YouTube Music |
Miqueas 5:2 NVI. Pero tú, Belén Efrata, pequeña entre los clanes de Judá, de ti saldrá el que gobernará a Israel; sus orígenes son de un pasado distante, desde tiempos antiguos.
Belén Efrata. Este pueblo al Sur de Jerusalén fue el lugar de nacimiento de David y más adelante de Jesucristo. El nombre Belén significa “casa de pan” porque se encontraba en una región que había tenido gran producción de grano desde los tiempos del AT, y además de ello, el nombre Efrata (“fructífero”) le diferencia de otro pueblo en Galilea con el mismo nombre.
Esta población, conocida por sus viñedos abundantes y sus sembrados de oliva, era pequeña en tamaño mas no en honra, y todos estos datos, aluden a la encarnación del Dios eterno en la persona de Jesucristo y también apunta a su reino milenario como Rey de reyes.
Como lo dice (Mateo 2:6 NTV) «Y tú, oh Belén, en la tierra de Judá, no eres la menor entre las ciudades reinantes de Judá, porque de ti saldrá un gobernante que será el pastor de mi pueblo Israel».
La mayoría de los líderes religiosos creían en el cumplimiento literal de las profecías del Antiguo Testamento. Por lo tanto, creían que el Mesías nacería en Belén como había sido profetizado por Miqueas siete siglos antes, como lo podemos ver en el verso de hoy. (Miqueas 5:2). Irónicamente, cuando Jesús nació, estos mismos líderes religiosos llegaron a ser sus más grandes enemigos. Cuando el Mesías que esperaban finalmente llegó, no lo reconocieron.
Vamos a orar.
Perdóname Señor por estar en la misma condición de los fariseos, quienes aun viendo el cumplimiento de tu palabra, no reconocieron tu nombre, ni tu presencia como el hijo de Dios y el salvador de la humanidad. Hoy decido creer en ti y entregarte mi corazón, mi voluntad y todo mi ser, pues reconozco que tú eres mi dueño y mi salvador. Hoy me entrego a ti y arrepentido te pido perdón por mi incredulidad, y mi orgullo. Te recibo como mi Señor y mi salvador, y me comprometo a seguirte y a conocerte todos los días de mi vida. En el nombre de Jesús, amén.
Tu Tiempo con el Número Uno. 5ª temporada, 22 de Diciembre. La encarnación del Dios eterno.
Podcast: Reproducir en una nueva ventana | Descargar
Suscríbete: Apple Podcasts | Spotify | Correo electrónico | YouTube Music | RSS
Miqueas 5:2 NVI. Pero tú, Belén Efrata, pequeña entre los clanes de Judá, de ti saldrá el que gobernará a Israel; sus orígenes son de un pasado distante, desde tiempos antiguos.
Belén Efrata. Este pueblo al Sur de Jerusalén fue el lugar de nacimiento de David y más adelante de Jesucristo. El nombre Belén significa “casa de pan” porque se encontraba en una región que había tenido gran producción de grano desde los tiempos del AT, y además de ello, el nombre Efrata (“fructífero”) le diferencia de otro pueblo en Galilea con el mismo nombre.
Esta población, conocida por sus viñedos abundantes y sus sembrados de oliva, era pequeña en tamaño mas no en honra, y todos estos datos, aluden a la encarnación del Dios eterno en la persona de Jesucristo y también apunta a su reino milenario como Rey de reyes.
Como lo dice (Mateo 2:6 NTV) «Y tú, oh Belén, en la tierra de Judá, no eres la menor entre las ciudades reinantes de Judá, porque de ti saldrá un gobernante que será el pastor de mi pueblo Israel».
La mayoría de los líderes religiosos creían en el cumplimiento literal de las profecías del Antiguo Testamento. Por lo tanto, creían que el Mesías nacería en Belén como había sido profetizado por Miqueas siete siglos antes, como lo podemos ver en el verso de hoy. (Miqueas 5:2). Irónicamente, cuando Jesús nació, estos mismos líderes religiosos llegaron a ser sus más grandes enemigos. Cuando el Mesías que esperaban finalmente llegó, no lo reconocieron.
Vamos a orar.
Perdóname Señor por estar en la misma condición de los fariseos, quienes aun viendo el cumplimiento de tu palabra, no reconocieron tu nombre, ni tu presencia como el hijo de Dios y el salvador de la humanidad. Hoy decido creer en ti y entregarte mi corazón, mi voluntad y todo mi ser, pues reconozco que tú eres mi dueño y mi salvador. Hoy me entrego a ti y arrepentido te pido perdón por mi incredulidad, y mi orgullo. Te recibo como mi Señor y mi salvador, y me comprometo a seguirte y a conocerte todos los días de mi vida. En el nombre de Jesús, amén.
MIguel Montes