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1 Corintios 15:34 LBLA «Sed sobrios, como conviene, y dejad de pecar; porque algunos no tienen conocimiento de Dios. Para vergüenza vuestra lo digo.»
Cuando no conocemos a Dios, ni nos damos a la tarea de conocerle al menos en sus cualidades, corremos el riesgo de volvernos duros frente al pecado y de ignorar por completo la santidad de Dios, el nombre de Dios y su infinita gracia.
Terminamos fácilmente blasfemando el nombre de Jesús con la manera en que hablamos y con la forma en que vivimos, con los pensamientos a los que le damos lugar en nuestra mente y con lo que llegamos a sentir en el corazón, lleno de emociones contrastadas que terminan siendo acciones depravadas y vacías completamente de la presencia de Dios en nuestras vidas.
En este verso, el apóstol Pablo reprendió a la iglesia en Corinto porque algunos de los que profesaban ser creyentes entre ellos no tenían un conocimiento real de Dios; y esta ignorancia de Dios resultó en dos peligrosas y vergonzosas consecuencias: en primer lugar, dejaron de ser sabios como conviene, lo cual los llevaba a una necedad profunda en todas las áreas de su vida, y en segundo lugar estaban pecando deliberadamente, pensando que podían hacerlo sin pensar en las consecuencias.
Estas mismas cosas nos pueden pasar a nosotros en esta época, pues si no conocemos a Dios, no vamos a entender que lo que hacemos va en contra vía de la palabra de Dios, y como resultado vendrá a nuestras vidas el caos, la desdicha, el sufrimiento, el dolor y la muerte.
Por eso más bien, qué dicha que hagamos caso a lo que dice el verso de hoy, de «ser sobrios como conviene» y de una vez entender que no podemos ser dioses de nuestra vida y mucho menos pensar que no tenemos un Dios al que le debemos rendir cuenta de lo que somos, lo que pensamos, lo que sentimos, lo que decimos y lo que hacemos.
Vamos a orar.
Amado Dios, yo te pido perdón por mi ignorancia de ti y por creer que puedo pecar y vivir mi vida desordenadamente sin que me afecte o dañe a las personas a mi alrededor. Quiero ser sobrio como lo dice tu palabra y dejar de pecar. Perdóname Señor. Quiero conocerte cada día más y completamente, pues quiero ser sabio como conviene y vivir una vida libre de pecado, autosuficiencia y maldad. Todo esto te lo pido en el nombre de Jesús, amén.
Tu Tiempo con el Número Uno. 5ª temporada, 9 de septiembre. Apatía por el pecado.
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1 Corintios 15:34 LBLA «Sed sobrios, como conviene, y dejad de pecar; porque algunos no tienen conocimiento de Dios. Para vergüenza vuestra lo digo.»
Cuando no conocemos a Dios, ni nos damos a la tarea de conocerle al menos en sus cualidades, corremos el riesgo de volvernos duros frente al pecado y de ignorar por completo la santidad de Dios, el nombre de Dios y su infinita gracia.
Terminamos fácilmente blasfemando el nombre de Jesús con la manera en que hablamos y con la forma en que vivimos, con los pensamientos a los que le damos lugar en nuestra mente y con lo que llegamos a sentir en el corazón, lleno de emociones contrastadas que terminan siendo acciones depravadas y vacías completamente de la presencia de Dios en nuestras vidas.
En este verso, el apóstol Pablo reprendió a la iglesia en Corinto porque algunos de los que profesaban ser creyentes entre ellos no tenían un conocimiento real de Dios; y esta ignorancia de Dios resultó en dos peligrosas y vergonzosas consecuencias: en primer lugar, dejaron de ser sabios como conviene, lo cual los llevaba a una necedad profunda en todas las áreas de su vida, y en segundo lugar estaban pecando deliberadamente, pensando que podían hacerlo sin pensar en las consecuencias.
Estas mismas cosas nos pueden pasar a nosotros en esta época, pues si no conocemos a Dios, no vamos a entender que lo que hacemos va en contra vía de la palabra de Dios, y como resultado vendrá a nuestras vidas el caos, la desdicha, el sufrimiento, el dolor y la muerte.
Por eso más bien, qué dicha que hagamos caso a lo que dice el verso de hoy, de «ser sobrios como conviene» y de una vez entender que no podemos ser dioses de nuestra vida y mucho menos pensar que no tenemos un Dios al que le debemos rendir cuenta de lo que somos, lo que pensamos, lo que sentimos, lo que decimos y lo que hacemos.
Vamos a orar.
Amado Dios, yo te pido perdón por mi ignorancia de ti y por creer que puedo pecar y vivir mi vida desordenadamente sin que me afecte o dañe a las personas a mi alrededor. Quiero ser sobrio como lo dice tu palabra y dejar de pecar. Perdóname Señor. Quiero conocerte cada día más y completamente, pues quiero ser sabio como conviene y vivir una vida libre de pecado, autosuficiencia y maldad. Todo esto te lo pido en el nombre de Jesús, amén.
MIguel Montes